A partir de los últimos informes publicados por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) podemos distinguir tres momentos diferentes que atravesaron las PyMEs del sector en 2020, teniendo en cuenta que fue un año peculiar para la economía a nivel mundial y local. A nivel general las tres etapas fueron: el rezago de los primeros meses del año, el desmoronamiento y la incertidumbre de abril y la recuperación progresiva desde septiembre.

Si nos ubicamos en los primeros meses de 2020, el sector metalúrgico ya venía fuertemente golpeado tras casi dos años de permanentes contracciones. A partir de marzo, se le sumaron las evidentes dificultades relacionadas con el avance de la pandemia, sufriendo el peor impacto en abril, mes donde se registró el piso de caída de la actividad metalúrgica. Los meses subsiguientes fueron difíciles para el sector, no solo en cuestiones productivas, sino también en términos de empleo, inversión y rentabilidad.

A nivel general, esta pronunciada contracción culminó en septiembre cuando comenzó a verse un vestigio de luz en medio del magro escenario. De esta manera, durante los últimos cuatro meses del año la producción del sector en promedio logró recuperar el nivel de producción pre pandemia, pero cerrando el 2020 con una caída del 10,3% con respecto a 2019.

A nivel sectorial, la actividad metalúrgica registró un alto grado de heterogeneidad, y la crisis que pareciera haberse superado a nivel general, para ciertos rubros continúa siendo un obstáculo. Es el caso de un universo amplio de empresas que son proveedores del sector de petróleo y gas. Los niveles de producción, por ejemplo, de los fundidores especializados y fabricantes de válvulas para el sector todavía están lejos de recuperar los niveles de producción que tenían antes de la pandemia y las perspectivas para 2021 son una incógnita. Esta caída que atravesaron las empresas proveedoras del sector de petróleo y gas también impactó en la situación del sector metalúrgico de Mendoza, que fue una de las más afectadas si se analiza la actividad metalúrgica a nivel regional.

La grave situación dentro de la cadena de valor de petróleo afectó severamente a las empresas metalúrgicas mendocinas, tal es el caso, que en el segundo semestre del año registró la mayor caída entre las pCaída y recuperaciónrincipales provincias que nuclean al sector.

Otro rubro que estuvo fuertemente golpeado durante 2020 fueron los fabricantes de equipos y aparatos eléctricos que cerró el año con una caída del 17,7%. La mayor cantidad de empresas de este rubro se concentra en Capital y Gran Buenos Aires, por lo cual debieron atravesar múltiples dificultades de logística en el marco del aislamiento obligatorio.

La parte positiva en términos de desempeño de la actividad en 2020 fue la rápida recuperación y posterior crecimiento del sector de maquinaria agrícola que cerró el año con una suba del 13,7% con respecto a 2019. Mientras que los fabricantes de carrocerías y remolques registraron una recuperación más gradual, pero con un cierre de año positivo (0,8%).

En conclusión, el año pasado dejó importantes desafíos para las PyMEs metalúrgicas que será indispensable resolver para recuperar los niveles de producción registrados, por ejemplo, en 2011. La mejora de la productividad a partir de la permanente incorporación de tecnología, así como el acceso a financiamiento a tasas competitivas serán dos vectores centrales para incrementar la competitividad de las PyMEs del sector y que puedan potenciarse las exportaciones del sector.

Impulso a la internacionalización

El Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) consiguió durante 2020, reducir el crédito promedio en un 45%, lo que permitió alcanzar a un mayor número de empresas y aumentar en un 50% la cantidad de pymes asistidas. Por primera vez en su historia, BICE lanzó líneas de capital de trabajo para el pago de salarios con las que desembolsó $ 3.000 millones, con el objetivo reducir el impacto que se produjo en la cadena de pagos de las pymes durante el comienzo de la pandemia.

BICE Fideicomisos a través del FOGAR (Fondo de Garantías Argentino) del Ministerio de Desarrollo Productivo, administró $ 120.000 millones para garantizar el pago de sueldos de las empresas, a través de avales que otorgó a todos los bancos del sistema financiero.

Con la apertura gradual de las actividades económicas, BICE lanzó créditos por $ 2.000 millones (el 20% para empresas lideradas por mujeres) para inversión productiva con hasta 7 años de plazo y dos de gracia. Cuentan con tasa bonificada durante los primeros tres años.

También, como parte de su iniciativa de estar cerca de los sectores productivos y encontrar nuevas soluciones para sus necesidades de financiamiento, se realizaron 100 encuentros con cámaras y empresas de todo el país, en conjunto con gobiernos provinciales y municipales, con el objetivo de escuchar las necesidades de financiamiento de las pymes y aportar herramientas crediticias.

Para reactivar las economías regionales, se lanzó una línea de capital de trabajo que contó con el aval de todos los fondos de garantías provinciales. Con plazo de hasta 24 meses, los créditos tienen como destino la compra de insumos, materia prima, combustible, entre otros. Para impulsar la internacionalización de las pymes y el ingreso de divisas, el banco dispuso de créditos de prefinanciación de exportaciones con tasa bonificada por el FONDEP. A partir de un trabajo coordinado con la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y de los Emprendedores, la línea cuenta con condiciones especiales para nuevos exportadores (tasa del 4% en USD,) o exportadores no frecuentes (tasa del 4,5% en USD).

El presidente de la entidad, José Ignacio De Mendiguren, señaló que “a fines de 2019, el banco mostraba una situación muy comprometida. La gestión anterior había orientado al banco hacia un modelo enfocado en proyectos de infraestructura que resultó inviable y la grilla de tasas expulsaba al sector productivo”.

“Lo que hicimos apenas asumimos fue reorientar todas las herramientas del banco a la reconstrucción de las pymes que venían golpeadas por condiciones macroeconómicas especulativas”, agregó. “El gobierno nacional tiene a través del Ministerio de Desarrollo Productivo una agenda de trabajo clara para mejorar el acceso al crédito de las empresas. En BICE, como banco público de desarrollo, vamos a seguir siendo un engranaje importante en esa estrategia”, finalizó Mendiguren.

* Economista UBA-Departamento Estudios Económicos ADIMRA