El temor (¿inicial?) de los inversores se enfocó sobre la dinámica fiscal. La estrategia originalmente acordada con el FMI implicaba una reducción del déficit primario a 2,7% del PBI este año (-1,1 puntos respecto a 2018), a 1,3%el próximo y a cero en 2020. Pero las necesidades financieras aumentan por el pago de intereses, que insumirían más de 2 puntos del PBI por año, y la amortización de la propia deuda, que sólo en 2019 suma cerca de u$s 30.000 millones. Se trata de unas necesidades financieras elevadas que generan problemas de liquidez.

Precisamente, esa era una de las dudas del mercado. Siendo la otra la voluntad (y capacidad) política del Presidente de avanzar de forma decidida con la reducción del déficit fiscal en un año electoral.

El adelantamiento de los desembolsos del FMI del 2020 al 2019 debería ser suficiente para cerrar el programa financiero, más cuando se especula que la aceleración será a cambio de un déficit menor. Esta semana se darán a conocer los detalles que, se espera, sean suficientes para disipar las dudas y traiga algo de calma al mercado (menor riesgo país).

Sin embargo, el problema excede al sector público. El marcado déficit de cuenta corriente refleja que la economía consume más de lo que produce, siendo la diferencia financiada desde el exterior. Si bien el sector público puede asegurarse el financiamiento gracias al FMI, todavía resta cubrir el desequilibrio del sector privado. El problema es que el deterioro de la situación internacional y, particularmente, la volatilidad a la que están sujetas las economías emergentes generaron una reversión en los flujos de capitales.

En otras palabras, tornaron el financiamiento más caro y más escaso. Argentina, relativamente más frágil que otras economías, directamente vió cómo se cerró el acceso al mercado. Esto implica que el desequilibrio del sector privado deberá corregirse de forma más rápida y abrupta. Lo cual implica una depreciación fuerte del tipo de cambio (que ya ocurrió) y una caída de la demanda interna (lo que está por ocurrir), de forma tal de reducir las importaciones de bienes y servicios y corregir el déficit en turismo. Asimismo, con un tipo de cambio más depreciado, tasas más altas y (se supone) un riesgo país estabilizado, la salida neta de capitales debería ceder.