Para Coltrane, Eric Dolphy era un par. Este saxofonista, flautista e introductor del clarinete bajo en el jazz, fue siempre una figura inclasificable para los críticos más puristas. Hasta la revista Down Beat llegó a calificar como “anti jazz” alguna de sus intervenciones, pero –nobleza obliga- se retractó poco después de su muerte temprana, en 1964, y lo incorporó a su Hall of Fame.

Dolphy vuelve a ser noticia ahora a partir de la edición de un vinilo triple del sello Resonance Records que en enero próximo tendrá su versión en CD y digital. Musical Prophet es el nombre del nuevo y esperado disco, que ya saltó a las tapas de las principales revistas especializadas: la foto de Dolphy es la cubierta de la norteamericana Down Beat; la británica JazzWise y la italiana Jazzit.

Todo se remonta al legado que Dolphy dejó luego de su trágica muerte en Berlín, el 29 de junio de 1964. No hay acuerdo sobre cuál fue la causa, pero lo cierto es que Dolphy sufrió un coma diabético antes de un show y los médicos lo trataron como si hubiera tenido una sobredosis. Claro, era negro y músico de jazz y eso alimentaba los prejuicios.

Cajas con grabaciones y audios quedaron en la casa de su amigo y mentor Hale Smith, quien sólo se animó a indagar en su contenido varios años después. En 1978 contactó al flautista James Newton, quien nueve años más tarde seleccionó un puñado de temas para una edición de Blue Note que ofició de ayuda para la familia de Dolphy. Tras la muerte de Smith, Newton quedó a cargo del legado y allí entró en escena el movedizo presidente de Resonance Records, Zev Feldman. Entre ambos escucharon varias horas de música archivada y definieron el contenido del proyecto que vio la luz esta semana. El título completo del disco es Musical Prophet: The Expanded 1963 New York Studio Sessons, que incluye dos discos de los tempranos 60, Conversations e Iron Man, más 85 minutos de música inédita.

La edición confirma el perfil absolutamente personal de Dolphy, que era capaz de innovar sobre un tema de Monk de por sí innovador como Epistrophy. Basta escuchar su performance en clarinete bajo en el que fue uno de sus últimos discos, Last Date, grabado en vivo en Holanda con el acompañamiento de músicos de vanguardia –el pianista Misha Mengelberg, el baterista Han Bennink y el bajista Jacques Schols- que entendieron a la perfección que el lenguaje de Dolphy no se asemejaba a nada que se hubiera escuchado hasta ese momento.

Las sesiones ahora editadas fueron registradas en julio de 1963, un año antes de su muerte, y para ese entonces Dolphy ya había compartido escena y estudio con figuras prominentes, desde Mingus y Blue Mitchell hasta Mal Waldron y Coltrane. El bajista Reggie Workman, quien compartió con Dolphy y Trane los discos Africa/Brass y Live! at The Village Vanguard, los recuerda entrelazados en un ascensor creativo en el que no importaba cuánto empujaba uno los límites, porque el otro trepaba con igual intensidad. La nueva edición hace justicia con un músico que no sólo fue venerado en el mundo del jazz sino que ganó prestigio en otros géneros musicales. The Eric Dolphy Memorial Barbecue de Frank Zappa es testimonio de esa admiración.