El primer punto a considerar es que no se sabe cuándo van a solucionar esta crisis. La cuestión es clave, porque hay que ofrecerle a las empresas un horizonte y sin ese factor, con crisis en desarrollo potente, las empresas ajustan y despiden gente. Aquí debería aparecer la necesaria y tan mentada “previsibilidad”, porque si una compañía venía con buenos registros de producción y ventas, quizás puede asimilar la crisis por algunos meses, pero sin horizonte tomará medidas drásticas.

Existen medidas para subsistir, se habló mucho de los créditos subsidiados, pero en la versión del ministerio de la Producción para 2018 se redujeron sus montos. Caso de proporción indirecta y delicada: en 2017 hubo mayores importes de créditos de este tipo, con menos crisis. Y si bien el subsidio del empréstito no es algo deseable “per se”, con tasas siderales del 60% para financiar producción y subsistencia de las empresas, esos créditos subsidiados son medicina imprescindible.

Desde el estado, con una mirada más keynesiana, se podría alentar políticas para recomponer la demanda lo cual implicaría no recortar la obra pública o dar marcha atrás con la quita zonal de las asignaciones familiares. Fomentar la demanda suele ser la mejor manera para reducir y salir de una crisis. Dicho esto contra la reducción de gasto público como única receta, menester que incluye la discusión de cuánta reducción se aspira a aplicar.

*Economistas