Entre los Rocca, los Bulgheroni, los Pérez Companc y los Macri se abrió una generación de empresarios que leyó las distintas crisis económicas que atravesó el país como una oportunidad para consolidarse en el mundo de los negocios. En este grupo hay hombres experimentados que ya preparan su sucesión y capitalistas millennials de camisa slim sin corbata. Los que los une es la ambición de conquistar el futuro con innovación y de curar la fobia irresuelta de la sociedad argentina contra la clase empresaria.

De ellos hablan Hernán Vanoli y Alejandro Galliano en su libro Los dueños del futuro. Vida y obra, secretos y mentiras de los empresarios del siglo XXI. La publicación narra en capítulos la historia de siete emprendedores de distintas ramas de la economía que emergieron con fuerza después de la crisis de 2001, crecieron con el kirchnerismo y se sienten cómodos con Cambiemos en el poder: Eduardo Costantini (Nordelta), Federico Braun (La Anónima), Hugo Sigman (Grupo Insud), Gerardo Bartolomé (Semillas DonMario), Marcos Galperín (Mercado Libre), Federico Tomasevich (Puente) y Martín Migoya (GlobAnt).

A pesar de la reunión de nombres, no es un libro de biografías de billonarios: son siete perfiles de rigurosidad documental, narrados a través de un cóctel de géneros en los que conviven la historia de vida, la entrevista, el comentario, la crónica y el ensayo. El resultado es el rescate de historias de un capitalismo alternativo que se siente más reconfortado sentado en el sillón de los emprendedores. Lejos de la patria contratista que hizo fuerte a toda una generación de empresarios, estos siete son más bien críticos de las prebendas de sus antecesores y se muestran como neoliberales baja intensidad que hacen de la innovación la fuente del beneficio.

Y acá está una de las claves de la selección que hicieron los autores: la proyección de los negocios que cada uno de ellos desarrolla en ramas como la biomedicina, el e-commerce, las finanzas, el agronegocio, el desarrollo inmobiliario y el retail. Galliano apunta esta idea de que los dueños del futuro “tiene una relación distinta con el Estado, no son de la camada que te pedía crédito subsidiado y a cambio te ofrecía pleno empleo, sindicalizado, y desarrollo de infraestructura; estos, en cambio, lo que te reclaman es flexibilización laboral y desregulación, y lo que te ofrecen es inversión en futuro.

Si para la anterior camada lo importante era la privatización y la apertura económica, para estos lo más importante es disciplinar a la mano de obra. Los capitanes de la industria podían convivir con la CGT, estos no”.

Los intereses políticos se cruzan con la avanzada de los jóvenes

Para Vanoli “es innegable que el desarrollo de sus negocios tuvo cierta autonomía del dinero estatal. Sus historias son, en gran medida, historias de tenacidad y de autosuperación. De hecho, y si bien muchos de ellos son herederos, no lo son de una manera clásica. Incluso habiendo surgido en el seno de familias acomodadas, produjeron un plus, se inventaron a sí mismos. Y generaron valor más allá del Estado. No se los puede comparar, por ejemplo, con Nicolás Caputo o con Lázaro Báez”.

Otro punto de encuentro entre estos empresarios es el de las finanzas. Como explica Vanoli, en este contexto Sigman “es un rara avis, porque realmente desconfía del capital financiero y maneja a sus empresas sin esa lógica tan transparente para la especulación. Tomasevich y Galperín, en el otro extremo, son especuladores profesionales. Costantini, un as de la especulación que se cansó de ser una chequera y bajó al mundo de la construcción, donde pudo canalizar su deseo de ser un utopista, pero no por ello dejó de ser un lector sagaz de los ciclos y las contradicciones de la economía argentina.

Braun proviene de la familia que controla al Banco Galicia, mientras que el capital inicial de Globant proviene de la especulación financiera”. Ambos autores coinciden en que la mayoría de estos empresarios tiene una soterrada ambición de intervenir en política: “quieren el pan y también la torta”, asegura Vanoli.

Los más preparados para dar ese salto parecen ser los jóvenes Tomasevich y Galperín. Claro, Sigman, aporta Galliano, ya gobierna porque sus empresas generan el PBI propio de un país. Si en la relación con el Estado se encuentra la grieta entre aquella patria contratista y estos militantes de la desregulación, en la política no parecen haber tantas diferencias entre las generaciones. Se cuidan al hablar de los nombres propios de la habitan, tanto para el elogio como para la crítica. Aunque muchos de ellos encajan perfecto en el cuadrito de empresario del mes del macrismo, en tiempos de kirchnerismo celebraron leyes y hasta fueron catalogados de capitalistas nac&pop. Todos saben, y a esta altura es un mandamiento del empresariado, que los polí- ticos pasan y ellos quedan.

Los autores

Aunque coquetean con el periodismo, los autores vienen de otras ramas de las ciencias sociales: Vanoli tiene estudios de posgrado en Sociología de la Cultura y un camino recorrido en el orbe de la ficción, con libros como Pinamar, Cataratas y el volumen de relatos Pyongyang. Galliano también tiene estudios de posgrado en Sociología de la Cultura y en Historia Conceptual. Pero para Bruno Bauer, así como se lo conoce en el mundo de Twitter, Los dueños del futuro es su primer libro.