El escándalo internacional por la prohibición de ingreso a la Cumbre de la OMC en Argentina de un grupo de reconocidos dirigentes de organizaciones no gubernamentales que luchan contra la desigualdad que produce la globalización fue el corolario de una semana poco feliz para el Gobierno de Mauricio Macri.

Desde principios de semana comenzó a advertir que el camino llano que esperaba para la sanción del paquete de reformas en el Congreso no era tal. La confianza que había depositado en el tratamiento exprés a libro cerrado, que había funcionado con relativo éxito en el Senado, no se iba a replicar tan fácilmente en Diputados. Está claro que los diputados nacionales no se sienten depositarios del mandato del Senado y que la incidencia que tienen los gobernadores en la Cámara baja es más “conversada”. La Casa Rosada dudó hasta último momento sobre qué incluir y finalmente envió el decreto de convocatoria a extraordinarias con 17 ítems.

El pasado dejó de ser un rédito político para el oficialismo

En esa lista incluyó la reforma laboral -sobre la cual están depositadas todas las dudas- y desató también otra interna un poco más larvada, sobre los cambios en el ajuste previsional. La CGT paró en seco el intento de que respaldara los cambios jubilatorios que van a mermar sus ingresos. El fin del año pasado habían celebrado el anuncio del Gobierno del pago de una deuda de 30.000 millones de pesos a las obras sociales sindicales. De eso, sólo se cumplió un 10%. La reforma previsional y el plan de despidos -unos 3.000, estiman- obstaculizan el respaldo cegetista. Hasta la temperamental Elisa Carrió, parte del oficialismo, le marcó los tantos al macrismo y advirtió que no votaría la iniciativa sin garantía de que el texto no empeora la situación original de actualización de haberes.

Carrió puso otra sombra además al entusiasmo original sobre el pedido de desafuero y detención de la ex presidenta Cristina Fernández, objetando la imputación de traición a la Patria que utilizó el juez Claudio Bonadio. Con sorna, en círculos judiciales se refieren al juzgado de Bonadio como “la embajada” porque “se rige por otras leyes”. Algo de eso pareció confirmar con su fallo del jueves, que colocó además al oficialismo con poco margen de repetición de los “festejos” por detenciones emblemáticas recientes como las del ex ministro Julio De Vido y del ex vicepresidente Amado Boudou. El aliento a que la Justicia tenga como agenda dominante las denuncias contra la gestión kirchnerista parece haber encontrado el límite de la razonabilidad. El pasado deja de ser rédito cuando el presente tiene a Cambiemos como actor principal y no como figura de reparto.

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