El segundo año de gestión de Mauricio Macri estuvo marcado por la campaña electoral de renovación legislativa. Durante casi seis meses, el Gobierno se enfocó en la pelea por ganar en las elecciones de medio término, sobre todo en la provincia de Buenos Aires. Los resultados fueron más positivos de lo que esperaban con una rival como Cristina Kirchner, hoy procesada por la Justicia y con pedido de prisión preventiva.

El recambio en el Congreso sirvió a la Casa Rosada no sólo para ganar más poder dentro del recinto sino para terminar de dividir a la oposición peronista con la llegada de la ex presidenta el Senado. Aunque no fue tema de debate en la campaña, el oficialismo logró imponer un paquete de reformas económicas en medio de la represión policial, cientos de heridos y detenidos, y un escándalo interno por las críticas de la aliada, Elisa Carrió, al recorte jubilatorio.

La desaparición del ARA San Juan conmueve al país y puso en crisis el área de Defensa

La reforma previsional se convirtió en el mayor problema de la Casa Rosada antes de cerrar el segundo de una administración que no puede remontar las cifras económicas. Pese a la fuerte oposición, el proyecto que modifica la fórmula de pago de los jubilados fue convertido en ley por ambas cámaras en medio de una batalla campal de violencia en los alrededores del Congreso. El Gobierno tuvo que decretar una compensación mediante un bono por la pérdida producida por el empalme de la reforma, y ya se avisaran una ola de amparos en la Justicia.

El paquete de medidas incluyó la reforma tributaria y el plan fiscal con las provincias. Para poder avanzar en estos proyectos, el Ejecutivo tuvo que ceder con el pago de algunos impuestos que iban a afectar a las economías regionales, como la producción de vinos, espumantes, electrónicos, y bebidas azucaradas. El apoyo de los gobernadores fue clave para la aprobación de las leyes. Los mandatarios provinciales se convirtieron en una pieza clave para los objetivos de Balcarce 50.

Los cambios en el gabinete se incrementaran en el segundo año por cuestiones electorales y por la falta de los resultados esperados. Mauricio Macri mostró que no sigue la misma línea de gestión que en la Ciudad, donde no eran habituales los reemplazos de ministros. Ante la necesidad electoral, se vio obligado a modificar la grilla del gabinete con la salida Esteban Bullrich (del Ministerio de Educación pasó a ser candidato a senador); Julio Martínez (de Defensa a competir en el Senado) y José Cano (del Plan Belgrano a postularse como diputado). También hubo modificaciones en Salud y Agroindustria con la llegada de Adolfo Rubinstein y Luis Etchevehere. Por diferencias internas, Carlos Regazzoni fue corrido del PAMI y Carlos Melconian del Banco Nación.

La agenda del Gobierno estuvo marcada por tragedias que pusieron en el medio de la crítica a la administración de Cambiemos. Las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel; y la desaparición del submarino ARA San Juan, estuvieron en el ojo de la opinión pública y generaron nuevamente grietas entre el oficialismo y la oposición.

La política nacional contra la comunidad mapuche y la RAM en la Patagonia llevaron a la muerte de dos jóvenes. Ambos hechos sucedieron en el marco de enfrentamientos y represión de las fuerzas de seguridad en manos del Ministerio de Seguridad, que conduce Patricia Bullrich, hoy fuertemente avalada por la Casa Rosada. Por los muertes aún no hay identificados responsables, y los familiares reclaman justicia.

Otra crisis aún abierta es en del área de Defensa y la Armada. El sumergible sigue sin aparecer desde el 15 de noviembre y el caso se cobró el pase a retiro del jefe de la Marina, Marcelo Srur. Las deficiencias por la falta de información y las internas en la Casa Rosada y el Edificio Libertad pusieron a Macri en medio de las críticas. El debate de las últimas semanas por la reforma jubilatoria terminó de diluir la preocupación por encontrar al submarino, pese a que continuar las tareas de rescate con mejor logística.