Las mujeres no cederán su lugar en la agenda por los Derechos Civiles en 2019 pero otros temas se asoman en los debates que se vienen en medio de una profundización de la grieta, impulsada por un Gobierno que va detrás de la reelección del presidente Mauricio Macri. Punitivismo y migración son dos de los ítems que aparecen apuntados por Amnistía Internacional Argentina, que observa la falta de análisis de riesgo en las discusiones propuestas por el propio Estado. "Pese a su obligación de proteger a sus ciudadanos, el Ejecutivo no tiene una agenda activa en materia de Derechos Civiles. Durante el debate del aborto, que fue lo más importante del año que pasó, surgieron muchísimas agresiones. Por un lado se fomentó el debate pero por otro no se garantizó un espacio seguro y propicio para que pueda darse. No tomó dimensión de lo que podía pasar", describió a BAE Negocios Mariela Belski, presidenta de la organización en Argentina.

–¿Qué mirada tienen del debate del aborto?
–Para quienes valoramos la democracia fue algo inigualable. Lo que generó en los jóvenes no tiene precedentes, están identificados, informados, hablan con conocimiento y se empieza a respetar que existan colectivos con otras identidades. Pero es un logro enorme que está en peligro y el Gobierno tiene responsabilidad porque también generó un retroceso en términos de implementación. Se perdió en el Congreso y ahora surgieron los grupos anti aborto, los anti ESI (Educación Sexual Integral), los "con mis hijos no te metas".

“Cuanto más grieta, más claro cuál es su grupo de pertenencia”

–Pero los cambios parecen estar en marcha...
–Comenzó a plantearse la división entre Estado e Iglesia, la ESI, la violencia de género, la violencia contra las mujeres y la violencia contra los menores. No hubiera pasado si el Gobierno no habilitaba el tema. Lo de la Cámara de Diputados es para aplaudir de pie. El debate fue contundente, interesante y participativo, pero después surgieron movimientos evangelistas y de la Iglesia Católica que están empoderados. Esto genera más enfrentamiento en la sociedad. Es importante que estos temas estén en agenda, pero tiene que haber decisiones más políticas. Una cosa es decir que están a favor y otra muy distinta dejar que cada uno vote como quiera. Los radicales al menos tenían una posición de partido a favor del aborto legal, independientemente de que después algunos hayan votado en contra. Eso es ser responsable, es distinto a decir "veamos". La violencia que se generó, con muchas chicas atacadas, incluso una chica embarazada a la que patearon en un tren por usar un pañuelo verde, no es gratuita y el Estado tiene responsabilidad. Porque todos tienen derecho a participar, pero en un marco de normas y reglas.

–En lugar de cerrar la grieta pareciera que el Gobierno está dispuesto a abrirla.
–De verdad creía en los primeros pronunciamientos respecto a acabar con la grieta pero luego vieron que cuanto más la profundizaba más "beneficios" tenían, eso le hizo mucho daño a la sociedad. Cuanto más grieta, más claro cuál es su grupo de pertenencia. La grieta los ayuda y en materia de Derechos Humanos tomaron la decisión política de diferenciarse del Gobierno anterior, pero no entienden que tener política de DD.HH. es cuidar a la gente. Hay una falta de conocimiento y valorización del tema, que está disipado, invisibilizado.

–¿Los pedidos de represión a la movilización son reflejo de esa grieta, de ese intento de diferenciarse con el pasado reciente?
–Las fuerzas de seguridad están para cuidar a los ciudadanos, no para enfrentarlos porque piden cosas en la calle. La gente que se moviliza tiene una necesidad y no tiene un canal de diálogo. La protesta es la única manera que encuentra para llamar la atención. Hay que ver cómo canalizamos estas demandas sociales, cómo resolvemos esto. ¿Cómo puede ser que la movilización del G20 fue pacífica y otras no, por qué, si los que marcharon fueron los mismos?.

“Hay una regresión en derechos de la gente”

–¿Sospechan que hubo infiltrados?
–No tenemos información de infiltrados. Lo que nos parece es que el Gobierno no está canalizando bien la problemática social, y si quieren que la policía dispare no está midiendo las consecuencias que puede tener. Lo que pueda pasar es responsabilidad del Estado. Hay una concepción equivocada que se corrige leyendo las normas que nos rigen y los tratados internacionales. Muchas veces, como en el caso de Santiago Maldonado, se termina transformando algo serio en algo comunicacional.

–El de la comunicación no es un fenómeno local.
–Es lo que está pasando en todos lados, con Donald Trump, con (Jair) Bolsonaro, con (Recep Tayyip) Erdogan. Mientras que en la realidad pasa otra cosa, un ejército de gente que trabaja en redes instala "verdades" que son falsas, por eso es importante que haya normas claras contra las fake news. Mostrar y señalar es muy difícil en este contexto. Por otro lado, tenemos datos y encuestas internacionales que nos dicen que la gente sólo quiere escuchar cosas lindas, quiere globos y sonrisas, amor, mensajes positivos. Los temas de Derechos Humanos resultan pesados, duros.

–Entonces, ¿ Argentina está en sintonía con lo que pasa en el mundo?
–Macri es un liberal. No lo va a decir pero si puso el tema del aborto en agenda es porque está a favor. Hay países en los que la situación está muchísimo más complicada, como en India, Turquía o Hungría, donde el primer ministro (Viktor Orbán) es un fascista extremo y está tomando medidas de la época del nazismo. Hay una regresión en materia de derechos de la gente, especialmente en temas de migración y refugiados. La situación es la más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Se reprime al que piensa distinto, se censura.
Argentina tiene la ley migratoria más amplia y progresista del mundo, recibimos inmigrantes venezolanos, los más educados, pero castigamos a los migrantes más pobres, a los haitianos, a los de países limítrofes. Hay un decreto de necesidad y urgencia para deportar migrantes y aparece en debate el tema de la reciprocidad, instalado por Gerardo Morales en Jujuy. Son temas que podrían instalarse, pero acá la gente no quiere piquete, no quiere trapitos, se comienza hablar de "mano justa", "fuerza justa", que no suenan igual a "mano dura" pero la implementación es la misma. Hay un uso abusivo de la fuerza y la protesta social es manejada con mirada segurista, con el riesgo, además, de que se apliquen determinadas medidas que no sabemos si son una norma o apenas un anuncio comunicacional, como la autorización del Ministerio de Seguridad -a cargo de Patricia Bullrich- de disparar a sospechosos.

–Otra vez la grieta
–Claramente este Gobierno tiene una impronta más de mano dura, pero es muy comunicacional. Hay que ganar elecciones y dice lo que la gente quiere escuchar. Dijeron que venían a achicar la grieta y se agrandó. Si algo que no pudo lograr este Gobierno es unir a los argentinos, sin ningún lugar a dudas. Si bien estamos a favor de la democratización de la información, el anonimato en las redes sociales genera mucha violencia y tienen impacto en muchos ciudadanos. El Gobierno hace un gran uso de las redes sociales, más allá de si sus seguidores son reales o falsos.
Nosotros, por dar un ejemplo, nunca trabajamos con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), pero sí con tema indígena; y lo que se intentó instalar fue la idea de que el mapuche es terrorista. Se intentó deslegitimar a las comunidades indígenas porque las tierras en conflicto están en el sur, en Vaca Muerta. Han pensado que si lograban instalar la idea de que son peligrosos, ya no son un grupo vulnerable: son terroristas. Este año habrá que estar atentos a la reforma del Código Penal a la reforma de la Ley Antiterrorista.

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