La negociación con las provincias por el Presupuesto 2019 es un muestrario de las debilidades que enfrenta el Gobierno a la hora de definir su mapa político y de gestión. La pregunta que sobrevuela los despachos de la Casa Rosada y sus satélites es quiénes son hoy realmente los aliados de Mauricio Macri, un interrogante que mira hacia afuera pero sobre todo, hacia adentro de Cambiemos. Esta última evaluación recoge las astillas de la detonación que provocó Elisa Carrió, experta en dinamitar y poco ducha en reconstruir. Su último éxito se remonta a la construcción de la alianza gobernante y desde entonces, lo que puede haber fortalecido el espacio fue "a pesar" y no "por" la dirigente de la Coalición Cívica.

El diferencial que Macri le reconoce a Lilita Carrió es haber dotado de una pátina de "honestismo" -el textual corresponde a un funcionario- pero esa perspectiva se diluye a fuerza de golpes de realidad. El oficialismo, cruzado por conflictos de intereses con resoluciones a medida, iniciativas de reducción de planta política que no se concretan y separación de familiares que se reduce a la mínima expresión, encontró otro pico explosivo con la revelación del periodista Juan Amorin de los aportes irregulares a la campaña. Carrió tuvo pocas y medidas palabras y salió de escena. Cambiemos quiso tomar la iniciativa pero la información sobre la aceptación de aportes en efectivo no deja bien parada a la alianza.

La política ex post

En los casos de conflictos de intereses, como la condonación de deuda del Correo Argentino que beneficiaba a la familia presidencial o el nombramiento de parientas en el Estado, como en los casos de los ministros Andrés Ibarra (Modernización) y Jorge Triaca (Trabajo), el oficialismo definió iniciativas de transparencia tarde, escándalos mediante. Con los aportes de campaña volvió a hacer lo mismo y ahora va por una ley de bancarización obligatoria como una especie de reglamentación de la culpa. ¿Es suficiente para despejar las dudas sobre la transparencia en el manejo de fondos?

Mientras tanto, la disputa por los lineamientos del próximo presupuesto nacional sacan chispas en los despachos del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y de su par de Hacienda y Finanzas, Nicolás Dujovne. En Interior están repasando los números de las provincias favorecidas por el último reparto de Coparticipación y obras desde que ganó Macri. Córdoba es una de las que rankea más alto y tiene destino de ser una de las provincias en la que se aplicará con más dureza la sequía de fondos para obras. El diputado y vicegobernador en uso de licencia, Martín Llaryora, hizo tronar las quejas. En una entrevista en el programa "De haberlo sabido" de Radio Con Vos sostuvo que "para tener Presupuesto, hay que tener rumbo. Y hoy lo que tenemos en Argentina es caída del empleo, de la actividad y del salario. Al Gobierno lo maneja la coyuntura".

Impuestos y tasas

Otra pregunta que sobrevuela entonces. ¿El Gobierno tiene Plan B económico? Los empresarios nacionales ven con preocupación cómo se profundiza el desequilibrio en favor del sector financiero. Los últimos cambios impositivos están mostrando que el rumbo se tuerce también allí. Los cambios en los impuestos internos en bebida alcohólicas son una muestra. La industria vitivinícola, con el gobernador radical de Cambiemos, Alfredo Cornejo como lobbista, consiguió que no se incrementaran. La industria cervercera no tuvo la misma suerte, a pesar del compromiso oficial. La empresa Quilmes, que tiene el 75% del mercado local, registró en los últimos dos meses rojos de entre el 2 y el 3 % en la venta cuando el año pasado -pre impuestazo- venían marcando un crecimiento de dos dígitos. El combo impuestos internos, altas tasas, reducción del mercado interno sigue pasando facturas que no se reparten con ningún otro sector beneficiado con las políticas nacionales. El reparto de cuotas de poder en pequeños sectores con gran capacidad de lobby - financiero, agroexportador, por ejemplo- sigue configurando una economía en partes que conforman una criatura difícil de controlar.