El año termina para el presidente de la primer superpotencia mundial con un balance agridulce, pero claramente positivo. Con una tasa de crecimiento de la economía que superaría cómodamente el 3%, con la vigencia de su famoso "veto migratorio" ratificada por la Corte Suprema de los Estados Unidos, y con la reforma tributaria "más importante desde Ronald Reagan" a la vuelta de la esquina, el magnate inmobiliario y ex estrella de reality shows devenido el mandatario más poderoso del mundo puede jactarse de "estar haciendo bien su trabajo", una frase que suele aplicar a gobernadores, funcionarios e incluso otros presidentes del mundo.

Claro que no todos los estadounidenses opinan lo mismo. La popularidad de Trump es la más baja entre los últimos presidentes de EE.UU., de acuerdo con diversas encuestas de opinión. En la más reciente, dada a conocer por CNN la semana última, el mandatario tiene apenas el 35 % de aprobación en referencia a cómo está llevando los asuntos del Estado. Y su desaprobación con respecto al mes pasado subió de 58 % a 59 %.

Además de la mencionada leve disminución desde noviembre, el sondeo muestra que la popularidad de Trump ha bajado exactamente 10 puntos porcentuales desde marzo, cuando llevaba 2 meses en el poder. En ese momento, su aprobación estaba en 45 %.

En estos tiempos de escasas subas y frecuentes bajas en la aprobación de los votantes, el mandatario ha elegido un menú de enemigos variopinto, a tono con lo que fue en su momento la campaña electoral y los ejes de sus discursos. Y los resultados también han sido disímiles.

Por ejemplo, con los inmigrantes ilegales, prácticamente fuente de todos los males de Estados Unidos, si bien como dijimos consiguió finalmente poner en práctica su veto migratorio, hasta el momento no logró los fondos necesarios para levantar su anunciado "muro fronterizo" con México. Sí puede jactarse de haber incrementado la cantidad de deportaciones de personas indocumentadas, que este año superará el medio millón según con estadísticas oficiales.

Trump eligió un menú de enemigos variopinto a tono con lo que fue su campaña electoral

Otro punto importante es la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés) ya emprendida con sus dos socios comerciales, Canadá y México. Luego de cinco rondas, apenas se ha avanzado en aspectos de liberalización comercial, pero quedan por resolver puntos álgidos como la suba del salario en México, para evitar la competencia desleal, y la incorporación de más componentes estadounidenses en la fabricación de automóviles. La advertencia a los empresarios estadounidenses para que alisten un "Plan B" ante una posible salida del acuerdo fue una luz de alerta, por cuanto sectores económicamente relevantes y generadores de mano de obra, como la industria de los alimentos y la automotriz entre otras, fueron grandes ganadoras desde la instalación del acuerdo en la década de 1990.

A la fallida derogación del Obamacare, tras varios intentos en el Senado dominado por el propio oficialista Partido Republicano, Trump pareció responder con una agresiva presencia internacional, sobre todo en la relación tirante y cada vez más inestable con Corea del Norte, a cuyo líder el joven Kim Jong-un pasó de elogiar a denostarlo en los foros internacionales, e incluso amenazó con la "total devastación" de su país si no detenía su plan de armas nucleares y sus pruebas misilísticas. El estadounidense logró que se incrementara la presión internacional sobre el régimen comunista, pero tropezó con los otros dos grandes pesos pesado que disputan el liderazgo internacional: Rusia y China.

Los rusos han incrementado su presencia económica y política en zonas del mundo que antes eran coto exclusivo de los EE.UU., como Venezuela y América Latina, y afianzaron su influencia en Medio Oriente contribuyendo de manera decisiva a la derrota de Estado Islámico en Siria. Los chinos también expandieron su influencia a través del mundo, y su líder Xi Jinping ya estableció el objetivo estratégico de ser la próxima "superpotencia" en un plazo de dos décadas.

La "frutilla del postre" fue el anuncio de que mudaría la embajada estadounidense a Jerusalén, lo que implica el reconocimiento de esa ciudad como capital del Estado de Israel, lo que generò una ola de indignación y protestas.