El escritor Hernán Casciari resumió décadas de sentir popular respecto al trabajo. "Mi viejo venía de laburar agotado y malhumorado. Yo pensaba entonces que el trabajo era algo que te hacía regresar a casa hecho mierda", comentó al disertar en un ciclo de Filo.news. Casciari tomó aquella errónea lectura de su niñez para explicar cómo años después la escritura, que él creyó un hobby, se convirtió en su actividad profesional gratificante. Hoy el escritor brilla desde textos y proyectos de autogestión editorial. Un ejemplo de las virtudes del enfoque apreciativo, que entrena habilidades para descubrir lo valioso.

Esa filosofía de buscar el "lado luminoso" de la vida y de las situaciones ya se plasma en todo un método de aprendizaje cada vez más utilizado en el mundo, especialmente en el ámbito laboral, y que a nivel local se expande de la mano de expertos. Refiere a la habilidad de ver el todo y seleccionar deliberadamente lo mejor y lo más preciado.

Laura Isanta, también escritora, es coach, diplomada en Felicidad Organizacional y especialista en "apreciatividad", que define como el "arte de percibir lo valioso". Creó y patentó ese concepto junto con el modelo ACOM (Apreciatividad Conmigo con Otros y con el Mundo) que desarrolla y midelas habilidades apreciativas de personas, instituciones o empresas. El ACOM se utiliza también a nivel internacional y es aplicable a escenarios de crisis como las que atraviesa nuestro país desde hace años.

"La plusvalía puede generar, como herramienta, felicidad y buenos negocios. Y corresponde. Estamos señalando como los datos blandos van a terminar con un fuerte impacto positivo en datos duros como la rentabilidad y productividad”, explicó en charla con BAE Negocios.

Ejercicios para el bienestar
No se trata de alquimias, maquillajes o magia, la disciplina de ejercicios para el desarrollo de habilidades apreciativas arranca desde premisas simples y aptas para todo público: recuperar asombro, benevolencia, poner foco en talentos, fortalezas, oportunidades y abundancias. Se nutre también en el esfuerzo para volver a encuadrar una realidad. Incluso en terrenos que no parecen fértiles para siembra y cosecha alguna.

El ejercicio de prácticas apreciativas incrementa el bienestar

Desde el abecé del método ACOM aparecen dos condiciones para su desarrollo: la primera es “apreciar” que es sinónimo de tasar, valuar, evaluar, estimar, valorar, reconocer y estimar; la segunda es “tomar acciones”, es decir, crear el mejor futuro para las personas y la organización con los recursos valiosos del presente.

“Una empresa que procura crear un mejor ámbito de labor, con legitimidad, también aspira a la sustentabilidad del negocio. A personas más felices menor estrés, más compromiso, creatividad, predisposición para innovar, mejores relaciones, liderazgos de alto valor e integración para desarrollar trabajo de equipo”, puntualizó Isanta.

A personas más felices, menor estrés y más creatividad para innovar

Para citar un ejemplo ilustrativo de la proliferación internacional de las técnicas con este enfoque, nada menos que Steve Jobs (ver recuadro) ha sido mentor de lo apreciativo en sus proyectos a partir del “arte de percibir lo valioso”.

El vaso aún más lleno
El método ACOM se trazó y activa desde premisas sólidas, una de ellas tratar de revertir una tendencia global respecto a definir medidas de emergencia “para reparar algo que se rompió”. La propuesta de Isanta es un cambio de enfoque, “como consultora propongo un cambio de enfoque de preguntas importantes, en lugar de interrogar sobre qué cosas no queremos ver más, invito a pensar en cuáles son aquellos elementos, factores o recursos que pretendemos incrementar. Desde allí los resultados entusiasman y se pueden palpar sobre un notable cambio en las personas y la organización”.

Laura Isanta, escritora, coach y especialista en apreciatividad

Antes de abrazar a pleno su capacidad para el trabajo apreciativo, Isanta ya contaba con habilidades innatas para desarrollar sus inquietudes de trabajo en equipo y coordinación las cuales realizó y hoy valora como prólogo de crecimiento. La práctica, ilustración, perfeccionamiento y otros escalones la llevaron a contar a la fecha con más de 25.000 personas que pasaron por sus talleres y charlas en diferentes naciones del mundo, ya sea en empresas, universidades u otras entidades.

“En el ejercicio constante de prácticas apreciativas se incrementan los niveles de bienestar de las personas. El aprecio y la valoración para acceder a una vida mejor estuvo siempre presente en las ideas de los grandes pensadores y líderes”, destacó la especialista. Los ejemplos a mano, según comentó, van desde el desarrollo presente de las tecnología a los “héroes” del Renacimiento, otros adelantados fueron cambiando el mundo para bien antes de ese esplendor histórico.

Si de renacentistas se trata, basta tomar el ejemplo de Leonardo da Vinci que se propuso inventar una forma de escritura que alcanzara la misma velocidad que el pensamiento. Algunos trazos de aquella utopía se configuran hoy en los sistemas que convierten la expresión verbal en textos para una computadora o un teléfono celular. Leonardo no sólo lo soñó, lo intentó.

Arranca de premisas simples como poner foco en las fortalezas y oportunidades

Referir a beneplácito o felicidad no siempre fueron condiciones laborales. Según Isanta, “cuando hablamos de felicidad podemos hablar de una persona plena. Una persona íntegra que se siente plena en los diferentes dominios de su vida, lo intelectual, físico, emocional, espiritual y otros. Con esos ámbitos desarrollados y equilibrados se genera un beneficio no sólo en la persona sino también en el ámbito donde la persona interactúa y esto redunda en beneficios que superan el bienestar individual”. El trabajo por supuesto no está fuera de esa reflexión, aseveró la experta, sin menoscabar la incidencia y relevancia de los datos blandos en estructuras económicas y sociales del hombre.

“Las empresas no tienen si se quiere la obligación de hacer felices a quienes trabajan en ellas, en cada persona está su responsabilidad individual para serlo. Sí podemos expresar que las compañías tienen la obligación moral de crear los mejores contextos para que la felicidad de cada integrante pueda desarrollarse. Crece la idea de que por este camino las empresas pueden construir espacios de trabajo más saludables al mismo tiempo que refuerzan la sustentabilidad del negocio y su crecimiento”, aseguró Isanta.

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