En los últimos años, con bastante frecuencia, aparecieron en los principales medios periodísticos del país noticias relacionadas con la venta callejera ilegal: desalojos, conflictos con los comerciantes, ferias ilegales, etc. Sin embargo, el enfoque de estas noticias, rara vez estuvo puesto en la cuestión central que subyace debajo de los simples “manteros” o “puesteros”. Y esto es el problema del contrabando y el ingreso a nuestro país de mercadería peligrosa, que se distribuye a nuestra población sin control alguno.

El caso de los productos ópticos es el ejemplo perfecto de esta riesgosa situación. A diferencia de lo que ocurre con otro tipo de artí- culos ilegales, que se venden en la calle o en comercios, los anteojos truchos ingresados de contrabando constituyen un grave peligro para la salud de la población y poca gente es consciente de esta situación.

Estos anteojos que llegan ingenuamente al consumidor argentino, a precios irrisorios, son, generalmente, productos de bajísima calidad, fabricados con plásticos y tintas nocivas para la salud y que en lugar de cristales ópticos se ensamblan con vidrios pintados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el uso de estos lentes falsos, sin filtros UV, ocasiona que millones de personas desarrollan año a año queratitis actínica, Pterigion (u Ojo de surfista), lesiones cutáneas perioculares, fotoqueratitis, cataratas o, incluso, que puedan llegar a perder la vista

Desde finales del año 2016, la Cámara Argentina de Industrias Ópticas y Afines (Cadioa) ha realizado relevamientos en la vía pública para construir un mapa con los principales puntos de venta de “anteojos truchos”. Según nuestros cálculos, al año se venden en la Argentina aproximadamente 4.000.000 de anteojos que no se han fabricado en el país ni han ingresado legalmente (importación).

Estos anteojos jamás podrían venderse en ningún país desarrollado, pero llegan al nuestro porque en la Argentina no existen normas de calidad (normas técnicas) que permitan dar certezas sobre su origen, la trazabilidad y los materiales con que fueron fabricados.

Este problema trasciende a la venta callejera ilegal, dado que ante la falta de etiquetado no es posible realizar un seguimiento que identifique al importador, distribuidor o fabricante. De este modo, cualquier comercio que quiera engañar a sus consumidores y vender mercadería peligrosa hoy puede hacerlo, poniendo en riesgo la salud visual de la población, sin que el Estado tenga herramientas para controlarlo.

Desde nuestra Cámara estamos trabajando fuertemente con el ANMAT para que el Estado implemente este año 2018 normas técnicas que den herramientas para controlar la venta ilegal y que, a su vez, permitan al consumidor final tener información fidedigna sobre los productos que compran de buena fe.

Esto permitirá dar un salto de calidad a la producción local, que también deberá adecuar sus estándares de calidad y, de esta manera, tendremos una industria acorde a la de los principales mercados del mundo. En resumen, lograremos más tecnología, más inversión y trabajo de calidad que nos permitirá poder volver a exportar diseño argentino.

*Presidente de Cadioa