"Conócete a ti mismo." Éstas eran las palabras que aparecían escritas, casi a modo de advertencia, en el templo de Apolo en Delfos. Fue Platón quien difundió esta frase de alto valor ético y reflexivo, recordándonos la importancia de mirar hacia dentro antes de tomar cualquier decisión, antes de dar cualquier paso crucial en la vida.

Han pasado los siglos y seguimos siendo, muchas veces, una sociedad que actúa sin reflexionar, que culpabiliza a otros de sus fracasos y que continúa disfrazando la deshonestidad. Siempre es más fácil responsabilizar a otros de los errores propios y recurrir al factor situacional: "las cosas son muy difíciles"; "con esta crisis ya no queda ninguna salida".

El autoconocimiento es nuestra mayor responsabilidad y la esencia de la madurez humana. Es la tarea a la que deberíamos dedicar tiempo, intuición y esfuerzo. Es más, no hace falta un viaje a la India ni hacer el Camino de Santiago para poner más luz en nuestro interior. Las personas nos vamos revelando en el día a día; el adquirir noción de nosotros mismos es una tarea cotidiana.

Saber quiénes somos no solo nos ayudará a nosotros mismos; también nos abre la puerta para el conocimiento de los demás. No es un simple consejo, ni una recomendación ni una sugerencia. Las palabras del templo de Apolo, escritas en oro, eran casi una exhortación que iba más allá del mero valor ético o religioso. Otra inscripción la completaba: "Te advierto, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias?". Todo era una invitación a la reflexión, a transitar un camino interior.

Esta dinámica vital no se logra de un día para otro. No hacen falta grandes proezas. La aventura de conocerse a uno mismo dura toda la vida. Nada tendrá sentido si no respondemos la pregunta más importante: ¿quién soy yo? El autoconocimiento es el sostén y la puerta que nos abre el camino a la autorrealización. Tomar conciencia de uno mismo es el punto de partida para tomar decisiones encaminadas a mejorar nuestro bienestar y a superarnos en cada jornada. Todo influye en la autoestima y en la capacidad de autocontrol, ya que nadie puede amar lo que no conoce.

Llegar a conocerse a uno mismo no es una tarea sencilla. Las experiencias nos modifican; no somos los mismos ahora que hace unos años. Las personas nos encontramos sumidas en un cambio constante. Para conocernos será necesario sinceridad con nosotros mismos, liberándonos de las trampas del autoengaño y del estancamiento. Analizar nuestras actitudes y conductas, revisar el conjunto de recuerdos y experiencias vividas, construir el mapa sobre nuestra autovaloración o nuestros complejos paralizantes.

Conocerse a uno mismo es la base para desarrollar todo el potencial humano que llevamos dentro de nuestro ser. Es además imprescindible para conquistar nuestra libertad. Exige entender el sentido de nuestras emociones, escuchándolas profundamente, sustituyendo nuestras reacciones automáticas de siempre por decisiones conscientes, inspiradas en el conocimiento íntimo de lo que, en realidad, nos está pasando. Cuanto más profundo viajemos hacia el interior, más lucidez y mayor identidad obtendremos. Para vivir libres necesitamos saber quiénes somos, seguir el camino aconsejado por nuestra propia esencia. Comprendernos es fundamental para empezar a ser felices desde hoy.

Es verdaderamente importante saber qué necesitamos y cómo entendemos realmente este mundo que nos rodea. El autoconocimiento, es la clave primordial para la felicidad, para regular nuestras experiencias internas y ver, con humildad e integralidad, cómo somos y hacia dónde vamos. Vivir hacia adentro. La auténtica sabiduría se fragua, precisamente, en entendernos a nosotros mismos para actuar en armonía con nuestras emociones. Seremos más íntegros, más sencillos y, seguramente, más capaces también de aportar felicidad a los demás.

Decía Alejandro Magno que "conocerse a uno mismo es la tarea más difícil porque pone en juego directamente nuestra racionalidad, pero también nuestros miedos y pasiones". Saber realmente cómo somos, qué sentimos o qué metas queremos alcanzar son capacidades que se asocian a la inteligencia, pero se integran y armonizan todas las dimensiones de la persona: cuerpo, corazón, espíritu.

"Un hombre muy importante, entusiasta y optimista, fue a visitar China. Caminando por una de sus ciudades se detuvo ante un negocio de tatuajes para ver uno, entre muchos, que decía: "Nacido para perder". Él sabía que el tatuaje es tan único como la persona que lo selecciona. Comprendía que un tatuaje suele hablar de la esencia más profunda, de lo que cada uno piensa de sí mismo. Entonces, preguntó si había personas que se tatuaran esa leyenda tan desvalorizadora. Le respondieron que sí. Por eso agregó: -¿Cómo puede ser que no se quieran un poco y lastimen su cuerpo con algo tan negativo?

Y el vendedor le respondió: -Mucho antes de tatuar el cuerpo, han dejado que otros graben el mismo tatuaje en su mente".

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