Todas las empresas al analizar sus estados de resultados prestan especial atención a la administración de costos y gastos, toda vez que su adecuado control permite alcanzar los márgenes de rentabilidad deseados. Sin embargo al dejar el análisis fáctico de lado y entrar en el plano de las interpretaciones, un patrón resulta recurrente: la calidad de los procesos.

Las primeras lecturas asocian la calidad con altos costos. Pareciera que aquellos que aplican conceptos cualitativos a los procesos de negocio los ralentizan y encarecen sin poder percibir directamente los frutos de esa apuesta. A esta altura el management japonés, por ejemplo, emdemostró a través del toyotismo que la apuesta a la calidad es una garantía de largo plazo para alcanzar lo dicho anteriormente: mayores márgenes de rentabilidad. La cuestión es que estamos en Argentina, y aquí los negocios y el management distan del mundo japonés. Por ende, resulta pertinente analizar los costos y la calidad de nuestros trabajos.

Empecemos por los costos, intentando no deprimirnos: Argentina ocupa el último puesto en el ranking de “costos laborales unitarios” dentro de las 25 economías más representativas del mundo. Sólo para dimensionar dentro de los primeros 10 puestos, 5 de ellos son países asiá- ticos. En pos de ser competitivos a nivel mundial, evidentemente las empresas argentinas tienen aquí un gravísimo problema de posicionamiento. Nuestras estructuras laborales son extremadamente caras y la reforma laboral actual no presenta cambios radicales al respecto. En resumen, los estados de resultados seguirán teniendo altos costos derivados de las estructuras de trabajo.

Analicemos entonces la calidad, con el anhelo de encontrar aquí esperanza. Por cierto el análisis es mucho más complejo e imposiblemente lineal. Algunas aristas del trabajo nos llevan a la calidad de la contratación, observando que varias modalidades incluyen precarizaciones de todo tipo que sólo atentan contra la calidad. La administración de recursos humanos, ya dentro de las fronteras organizacionales, también es responsable por asegurar a los trabajadores condiciones de liderazgo, comunicación, respeto, inte

racción y crecimiento que puedan directamente relacionarse con la calidad de los trabajos. Y en esto último está la clave para descifrar la relación tripartita entre trabajos, calidad y costos. A mayores apuestas a la calidad en los trabajos, mayores serán los productos finales de su operación ya sean mercaderías o servicios. Impregnar los trabajos de calidad, aun asumiendo mayores costos en lo inmediato, asegura retornos marginales en el largo plazo.

En este nuevo escenario, los profesionales de recursos humanos deben asumir un rol protagónico en el tejido político de las organizaciones con el objetivo de asegurar la calidad. Las distintas escuelas de management a lo largo de la historia han ofrecido distintos modelos de liderazgo y gestión para desarrollar empresas. Hoy todo se reduce a un puñado de patrones posibles: liderazgo participativo, cercanía, transparencia, sensibilidad y posibilidades de desarrollo. El escenario local es incierto, complejo y la calidad no está en los procesos productivos sino en la definición de los trabajos.

Los recursos humanos, ya sea los propios como aquellos que pretendemos atraer, requieren calidad en los trabajos. Por ende, la gran apuesta para ganar competitividad y posicionamiento en el contexto global no es el control de costos y gastos sino la gestión de la calidad en las estructuras laborales y su consecuente valor agregado.

Pareciera entonces que las estrategias laborales argentinas de cara al futuro inmediato obligan a pensar estructuras costosas pero reciprocantes de calidad. Será imposible administrar estándares asiáticos y liderar el ranking de costos laborales. Redireccionando energías, apostemos a ser líderes en calidad apostando a una diferenciación de la marca país. Ambicioso por demás, es un objetivo que requiere compromiso de todos los sectores involucrados: empresas, trabajadores, sindicatos, gobierno y sociedad en general. Difícil, pero no imposible.

*Especialista en Recursos Humanos
Especial para BAE Negocios