La impronta del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, está encontrando réplicas en Argentina. Primero fue el debate en torno a la militarización de la seguridad y la opción de responder la violencia con más violencia. Algunos dirigentes fueron más allá. El diputado salteño Alfredo Olmedo, conocido por su discurso de mano dura, sacó a relucir otro elemento de su perfil que fue también distintivo en la campaña del brasileño: los vínculos con el culto evangélico.

Gran parte del apoyo que tuvo Bolsonaro de ese sector religioso se consolidó cuando - aún como precandidato a la Presidencia- participó en la "Marcha para Jesús" una movilización muy popular en Brasil, organizada por la Iglesia Renacer en Cristo. Fue el 31 de mayo en San Pablo, donde se estima que participaron unas 2 millones de personas.

Olmedo creyó ahora conveniente reforzar las semejanzas con el brasileño y se hizo bendecir en una ceremonia en Salta, en una noticia que terminó siendo viral, no por el apoyo del sector religioso, sino por el desplome de la tarima en la cual se realizaba la ceremonia.

Más desapercibida, en cambio, pasó la incursión en Buenos Aires de uno de los líderes mundiales evangélicos Loren Cunningham quien estuvo en el corazón del Palacio Legislativo. El viernes 2 de noviembre dio una charla con su mensaje religioso -algo inusual en el espacio parlamentario- en un Salón de los Pasos Perdidos repleto. Cunningham, un californiano que fundó un grupo misionero denominado Youth with a Mission (YWAM), fue llevado hasta el laico salón de acceso al recinto de la cámara baja por el diputado de Cambiemos Jorge Enríquez quien lo elogió vía Twitter estrictamente por su mensaje religioso: "El misionero que continúa yendo por todo el mundo cumpliendo la palabra de Dios y predicando el evangelio por todas las naciones. Gracias por visitarnos!".

Mientras el legislador de Cambiemos postula su fe evangélica con un acto en el Congreso nacional y Olmedo hace campaña presidencial con bendiciones, en el peronismo se libra una batalla menos espiritual. La confirmación de que el presidente de la cámara baja, Emilio Monzó, dejará el cuerpo a fines del año próximo mostró la distancia que lo separa de la política del oficialismo y el malestar por la falta de inclusión en el debate sobre estrategia electoral cuando ya comenzaron a delinearse las campañas. El peronismo espera con los brazos abiertos la posibilidad de que Monzó se sume a alguno de los sectores que están pujando por liderar el espacio opositor, pero el dirigente asegura que no dará un solo paso formal que lo aleje del Gobierno antes de finalizar el mandato. "No me voy a ningún lado", mandó a decir. Su espíritu político sugiere otra cosa.