En meses y semanas recientes hemos visto en distintas partes del mundo el surgimiento de protestas que tienen que ver en muchos casos con la creciente desigualdad y la falta de oportunidades a futuro, en un contexto en el que a nivel global hay 190 millones de personas en situación de desempleo, 64,8% de las cuales son jóvenes, y unos 2.000 millones de trabajadores se desempeñan en puestos informales, y cerca de 300 millones ganan menos de U$S1,90 por día, con lo cual están técnicamente en una situación pobreza extrema. Si a estas cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), le sumamos que hasta el año 2030 sería necesario crear 344 millones de puestos más para terminar con el desempleo, en medio de la Cuarta Revolución Industrial, el panorama mundial no hace sino preanunciar nuevos picos de conflictividad social a escala planetaria.

Para encarar esta coyuntura, la propia OIT propone algo que cada vez se oye con mayor frecuencia, y de la que hemos hablado en este Suple Lunes, y que tiene que ver con un Nuevo Contrato Social, sin el cual “nos dirigiremos a un mundo en el que se ahondarán las desigualdades e incertidumbres existentes”. Este es el planteo central de un reciente documento editado por ese organismo multilateral, titulado “Trabajar para un Futuro Más Prometedor”, realizado por la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, compuesta por un conjunto de destacados especialistas procedentes de todas partes del mundo, de diversos sectores y perfiles profesionales, y en el que un punto central es el llamado a la colaboración entre organismos como la OIT, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y los surgidos de los Acuerdos de Bretton Woods (el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional), para enfrentar un futuro que aparece con más sombras que luces.

Brechas

Los expertos advierten que “los avances tecnológicos -la inteligencia artificial, la automatización y la robótica- crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus trabajos en esta transición podrían ser los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades”. Señalan con un tono poco alentador que no sólo las competencias de hoy no se ajustarán a los trabajos de mañana, sino que esas nuevas competencias adquiridas pueden quedar desfasadas rápidamente. Los avances tecnológicos ûla inteligencia artificial, la automatización y la robóticaû generarán nuevos puestos de trabajo, pero aquellos que pierdan los suyos en esta transición podrían ser quienes peor preparados estén para aprovechar las nuevas oportunidades de empleo.

Señala el documento que “si dejamos que la economía digital siga como hasta ahora, probablemente se ensancharán la brecha regional y la brecha de género. Además, los sitios web de trabajo en plataformas de microtareas y el trabajo mediante aplicaciones que conforman la economía de plataformas podrían recrear prácticas laborales que se remontan al siglo XIX y futuras generaciones de «jornaleros digitales”. Agrega que “la transición a un futuro del trabajo que respete el planeta y trate de detener el cambio climático va a perturbar aún más los mercados laborales. Es previsible que la creciente población de jóvenes en algunas regiones exacerbe el desempleo juvenil y las presiones migratorias. El envejecimiento de la población en otras regiones someterá a una mayor presión los regímenes de seguridad social y de cuidados”.

No obstante, los expertos señalan que las profundas transformaciones que están a la vuelta de la esquina, abren posibilidades “para crear un futuro más prometedor y conseguir seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social; así como, en última instancia, reforzar nuestro tejido social”.

La capacitación constante será un elemento clave

En este punto resurge la idea de “una acción comprometida por parte de los gobiernos y de las organizaciones de empleadores y de trabajadores”, para “revitalizar el contrato social que asegura a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a los que se exponen a cambio de su constante contribución a la economía”. En este contexto, el diálogo social puede desempeñar un papel fundamental para afrontar los cambios en curso, sobre todo para los millones de trabajadores que se encuentran excluidos.

La propuesta de la Comisión es “un programa centrado en las personas para el futuro del trabajo que fortalezca el contrato social, situando a las personas y el trabajo que realizan en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial”. Este programa se asienta en tres ejes de actuación, que combinados entre sí generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras. En primer lugar, invertir en las capacidades de las personas, permitiéndoles formarse, reciclarse y perfeccionarse profesionalmente, y apoyarlas en las diversas transiciones que afrontarán en el curso de su vida. En segundo lugar, invertir en las instituciones del trabajo para garantizar un futuro del trabajo con libertad, dignidad, seguridad económica e igualdad. En tercer lugar, invertir en trabajo decente y sostenible, y en la formulación de normas e incentivos para ajustar la política económica y social, y la práctica empresarial, a este programa.

Esfuerzo coordinado

Advierte el texto que “si se encauzan las tecnologías transformadoras, las oportunidades demográficas y las economías verdes, estas inversiones pueden constituir un impulso potente con miras a la equidad y la sostenibilidad de las generaciones presentes y futuras”.

Y en este sentido es vital “el establecimiento de relaciones de colaboración más sistémicas y sustantivas entre la Organización Mundial del Comercio (OMC), las instituciones de Bretton Woods y la OIT. Las políticas en materia comercial, financiera, económica y social presentan vínculos estrechos, complejos y de capital importancia. El éxito del programa de crecimiento y desarrollo centrado en las personas que proponemos depende en gran medida de la cohesión que se consiga entre todas estas áreas de políticas”.

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