Las criticas a los daños colaterales que genera la globalización fueron advertidas con severidad por Zygmunt Bauman en el libro que llevaba el titulo inconfundible con el que nos referimos al fenómeno que rige la vida económica y social del mundo desde el fin del siglo pasado.

Los excluidos o periféricos de la globalización de la economía se sedentarizan en sus territorios nacionales mientras las clases acomodadas circulan por todo el mundo sin límites geográfi cos ni visas que los detengan. Quedan en medio - tanto antes como después de la red- los migrantes que se ahogan en el Mediterráneo o huyen de Venezuela. Distintas causas, idénticas tragedias.

La red se impuso como un grito de esperanza. Visibilizar otras culturas, costumbres, usanzas y vidas cotidianas, fueron antes que un medio de cortejo social y ostentación, un parámetro de libertades que implotó en los regímenes que ejercen un férreo control de los medios de comunicación opositores.

Los motores de búsqueda no tienen ciudadanía para no atarse a un país que los obligue a tributar

La unificación mundial del poder económico de las grandes empresas de la IT, es un efecto inicialmente no previsto por los países centrales , en especial por los Estados Unidos, que luego fue acogido con bastante alegría. La inexistencia de regulaciones - excepto las de tentativas monopolicas - en Estados Unidos contribuyó al crecimiento exponencial de los emprendimientos en Silicon Valley y su mercado satelital. También debilitaron a los medios estadounidenses que del autoproclamarse como cuarto poder, pasaron a mendigar publicidad y reclamar compensaciones por sus producciones de contenidos.

Los motores de búsqueda, las empresas puntocom y las redes sociales no aceptan ciudadanía. Atarse al poder soberano de cualquier país los obligaría a tributar, pero especialmente los pondría bajo la jurisdicción y el poder regulador de ese país. La avidez de recursos invade la expectativas de las organizaciones administrativas públicas que perciben la caída del comercio formal a manos del crecimiento del comercio digital con la consiguiente complejidad de dirimir el domicilio tributario o legal de la operación comercial virtual.

Mientras tanto, los gigantes digitales aportan, sin mucha exposición, a los experimentos de las criptomonedas que los blindan de la competencia penal yankee. El affaire FIFA es un mal ejemplo. Los dólares demasiados trazables.

Las noticias sobre el control de la red y el flujo de información en China, Rusia, Arabia Saudí, Irán, Egipto o Bielorrusia y los preparativos en la India muestran un difícil horizonte donde vale mas la fuerza que la libertad y, entonces, el derecho sede ante los hechos y la velocidad implacable del cambio.

Benedicto XVI cuando escribía como Ratzinger y en su libro/dialogo con Habermas, recogía ideas de Juan XXIII que luego llevó a su encíclica Caritas in Veritate. Va siendo tiempo de un gobierno mundial. Y quizás, como cuando nació la Unión Europea sometiendo el acero a una autoridad supranacional que asegure su uso con fines pacíficos, se puede iniciar el camino sometiendo la regulación de la red a una autoridad mundial que garantice la distribución de la riqueza que ella genera, y proteja la libertad de prensa y acceso a la información como métodos indispensables de la protección de los derechos humanos. No hay dos sin tres.

El lunes próximo, 3era y última parte.