Algunas escaleras son rectas, sabiendo el inicio y el alto punto de llegada. Otras en cambio, simbólicamente interesantes, son las escaleras caracol. Uno se aventura a ellas a través de peldaños de distintos tamaños aunque con la incertidumbre de no saber dónde termina. La circularidad de la escalera caracol no deja ver el punto de llegada.

El borrador de la reforma laboral presentada por el oficialismo es una analogía de la escalera caracol. Claramente nos deja ver el inicio de un plan integral de reformas aunque no revela el final. Es un buen comienzo, demuestra una intención de cambio. Sin embargo, no satisface las múltiples demandas provenientes de los cambios en el mundo del trabajo y los negocios. El objetivo transversal a lo largo de todas sus modificaciones es la regularización del empleo y en esa línea las propuestas son acertadas. Sin embargo, blanquear sueldos y registraciones laborales no promueve mejores competitividades ni mejoras de márgenes. Es más, en el largo plazo (una vez que terminen los períodos de gracia) el costo laboral de las empresas que se sumen a la regularización será mayor que en la actualidad.

Valga aquí entonces una primera crítica: la regularización del empleo es una arista más del complejo problema laboral pero no la respuesta a la necesidad inmediata de modernizar las estructuras laborales y aumentar la competitividad.

Corresponde detenerse en algunas modificaciones para ejemplificar este buen comienzo aunque incompleto. En las indemnizaciones por despido tomar como nueva base de cálculo a la remuneración básica libre de variables, flexibiliza la rotación de personal y los costos de egreso. Sin embargo, las empresas necesitan repensar costos laborales en las estructuras fijas más que en la contingencia de los despidos. Otro ejemplo son las contribuciones patronales, que debían ser reconsideradas y su baja progresiva es un acierto aunque incompleto también: las empresas asumen costos laborales indirectos que muchas veces son mayores que las contribuciones y sobre ellos no hay consideración alguna en el borrador. Los bancos de horas, una de las más observadas reformas en Brasil, quedan en la propuesta sujetas a la negociación sectorial bajo el argumento del respeto a la naturaleza de cada actividad. Otra vez, buen comienzo aunque incompleto: la naturaleza de los trabajos está modificándose independientemente de las actividades por el teletrabajo, el trabajo por objetivos o las redes de profesionales.

Cinco aspectos de la reforma resultan acertados y conducentes a un buen destino: la extinción de la acción penal, la anulación de las multas derivadas de la regularización, las condonaciones de deudas previas, el fin de la responsabilidad solidaria en actividades indirectas tercerizadas y solamente un año de plazo para demandar. Aquí la excepción; un buen comienzo y bien completo para que los capitales perciban un escenario estable, seguro y presto a obtener rendimientos atractivos.

El último análisis recae sobre algunos artículos bajo la analogía de la escalera caracol. El nuevo concepto de trabajo del artículo cuarto se define en términos legales, dejando de lado cualquier concepción psicosocial o de nueva idea del trabajo. El halo de esperanza lo ofrece el artículo 68 al definir que “todo trabajador acceda a lo largo de su vida laboral, a una cantidad de horas de aprendizaje continuo”.

Esto es innovador, original y pertinente. Los nuevos tiempos reconfiguran la educación y el perfil de cualquier profesional; quien no asuma la educación como un continuo a lo largo de toda la vida quedará fuera de las próximas estructuras laborales.

*Profesor de Recursos Humanos en UADE