Construido sobre aguas color de esmeralda y al lado de condominios exclusivos frente a la playa, el puerto de Santos, una ciudad de cinco siglos de antigüedad alberga favelas de chabolas sobre pilotes, terminales repletas de productos que impulsan un repunte económico y, cada vez más, cocaína. El complejo portuario es un microcosmos de unos 7,7 kilómetros cuadrados en un país azotado por la agitación política, la violencia alimentada por las drogas y la persistente desigualdad de ingresos conforme sale de una debilitante recesión. ¿Habrá una recuperación? En los montones de contenedores apilados y en las grúas imponentes, pueden encontrarse algunas respuestas.

El puerto recuperó la primera posición en la región en 2015, superando a los dos que bordean el Canal de Panamá. Eso fue un avance significativo, pero este año ha alcanzado un gran logro: en el primer trimestre, las ventas agrícolas a clientes internacionales sacaron a Brasil de su peor crisis de la historia. El aumento de las importaciones, especialmente de piezas de automóviles y bienes de capital, permite vislumbrar el repunte de la demanda interna que finalmente está en marcha. Con casi 13 millones de desempleados, la recuperación se hace esperar. El repunte de la agricultura ha alimentado otros sectores a medida que la economía avanza hacia un crecimiento amplio, dice Marcelle Chauvet, profesora de economía de la Universidad de California, Riverside, que forma parte de un comité que estudia los ciclos económicos de Brasil en la Fundación Getulio Vargas. “La recuperación de un sector atrae otros, y después es como un efecto dominó”.

Los contenedores del puerto están cargados de café, soja, maíz y otros productos, entre ellos cocaína. Las autoridades de Santos se han incautado de un récord de 11,5 toneladas de la droga en lo que va de año, escondida en envíos de todo tipo de artículos, desde sacos de azúcar hasta cabezas de cerdo congeladas. Los traficantes siempre buscan nuevos trucos. Recientemente han empezado a navegar junto a los barcos que parten a alta mar y se coordinan con los miembros de la tripulación, que lanzan cuerdas para transportar la carga ilícita a bordo, dijo el jefe de la policía federal de Santos, Julio César Baida. La policía capturó una nave partiendo de una de las favelas del puerto en agosto y el tiroteo posterior resultó en cuatro contrabandistas muertos.

La violenta competencia por las principales rutas de tráfico estalló a finales de 2016 después de que las dos principales bandas de Brasil pusieran fin a una tregua de 23 años, señala Robert Muggah, director de investigación del Instituto Igarapé. El aumento de los homicidios sirve de argumento para los políticos de derecha que piden un control de armas más flexible y una justicia paralela, dice, mientras que las prácticas policiales y de encarcelamiento represivas han fortalecido el poder de los grupos del crimen organizado. Según Muggah, “el duro enfoque contra la delincuencia en realidad está exacerbando los ciclos de violencia y la marginación”.

La marginación puede verse claramente dentro del puerto, donde se asientan tres favelas o barrios marginales. Estudios recientes han cuestionado en qué medida el auge de los diez últimos años, impulsado por las materias primas, ha contribuido a reducir la desigualdad. Un análisis de World Wealth & Income Database, codirigido por el economista francés Thomas Piketty, estimó una desigualdad considerablemente más alta de lo que sugieren las cifras oficiales. El 10 por ciento superior de los asalariados representa más de la mitad del ingreso nacional y un aumento de la concentración de la riqueza es una amenaza para el crecimiento econó- mico, según mantiene Piketty en su éxito de ventas “Capital In The Twenty-First Century”, y para una democracia en funcionamiento.

El hecho de que el Gobierno federal controle aspectos de Santos, entre ellos las concesiones, subraya su importancia nacional: representa alrededor del 30 por ciento de todo el comercio. Sin embargo, el director de relaciones de mercado de la autoridad portuaria, Cleveland Sampaio Lofrano, dice que la principal conclusión de un viaje que él y otros ejecutivos hicieron al puerto de Amberes en septiembre fue que deberían operar con autonomía.

Eso no entra en los planes, aunque el Gobierno está trabajando para reducir una burocracia que crea atascos para las empresas. Entre las iniciativas se incluyen la eliminación de algunos trámites y la introducción de servicios por internet, como un portal de comercio exterior que está por terminarse. Las autoridades estiman que reducirá el tiempo de exportación en al menos un 40 por ciento y es parte de una campaña más amplia para apuntalar la recuperación incipiente de la economía y establecer un camino para un crecimiento a largo plazo.