La crisis de los partidos mayoritarios que sufre gran parte de los países europeos se ha convertido en una oportunidad para que euroescépticos y ultraderechistas aumenten su influencia en el Parlamento Europeo. A menos de diez días de las elecciones, fuerzas como el Brexit Party de Nigel Farage en el Reino Unido o La Lega de Matteo Salvini en Italia dominan las encuestas en sus respectivos países y se convertirán en los rostros de la oposición al proyecto europeo. El golpe simbólico que esto significa para la Unión Europea obliga a los distintos gobiernos y elites políticas y económicas a replantear su estrategia. Caso contrario, los ultraderechistas no sólo ganarán escaño sino que aumentarán su capacidad para dictar los temas de la agenda pública.

La caída de la socialdemocracia es un hecho. Pareciera intentar recuperarse en países como España o Portugal, pero tanto en Alemania como en Francia, el motor de la Unión, estos partidos son incapaces de levantar cabeza. Los socialdemócratas alemanes perderán alrededor de doce escaños en el legislativo europeo y es muy posible que los socialistas galos se queden sin presencia en el parlamento.

La centroizquierda sufre por su incapacidad para reconstruir su narrativa. Se encuentra a medio camino entre sectores vulnerables, como los trabajadores que luchan contra la pauperización laboral, y las clases medias acomodadas, que exigen atención para demandas postmaterialistas. La impericia y el miedo a construir un perfil claro que los prive de dominar el centro del espectro político ha paralizado a las socialdemocracias centenarias. Y de ello se han beneficiado tanto las formaciones verdes como algunas fuerzas ultraderechistas.

En los partidos que son motor de la Unión, la socialdemocracia no levanta cabeza

Sin embargo, el competidor natural de la centroizquierda tampoco se encuentra en un buen momento. Conservadores, democristianos y populares sufren una merma similar en su caudal eelctoral. El grupo parlamentario que los contiene, Partido Popular Europeo (EPP, en inglés), perderá más de 40 escaños. Y como consecuencia de ello será la primera vez en la historia que progresistas y conservadores en conjunto no lograrán ocupar más del 50% del Parlamento Europeo.

La sangría de los conservadores se debe mayormente al crecimiento de los partidos ultraderechistas que han crecido mucho en diferentes países. En el libro Epidemia Ultra. La ola reaccionaria que contagia a Europa (2019, Independiente) se evidencia una consolidación de diferentes fuerzas políticas que, apoyadas en un discurso antiinmigración, antiislam y antipolítica, reunen fuertes apoyos de distintos sectores. En países como Polonia, Italia, Hungría o Austria, ya lideran el gobierno o forman parte de él. En el resto lideran la oposición o forman parte del parlamento nacional. Con pocas excepciones como Portugal, Irlanda o Malta, la ultraderecha a logrado penetrar en el sistema político de todo Europa.

El intento de los partidos de centroderecha de endurecer o incluso radicalizar su discuros, algo que sucedió en España con el Partido Popular, por ejemplo, no sólo no ha dado frutos sino que se les ha vuelto en contra. Las formaciones ultraderechistas han logrado así, ocupar el centro de la escena política y determinar los temas sobre los que se habla. Y no sólo eso, sino que han conseguido imponer su propia definición de esos problemas. En su discurso la cuestión migración se define como una cuestión de fronteras y ningún partido es capaz de redefnir ese problema para evitar que la solución sea simplemente dejar que los refugiados se ahogen en el mar Mediterráneo.

Los partidos ultraderechistas, en conjunto ocuparán unos 173 de los 751 escaños del Parlamento Europeo. Esto representa un aumento de casi el 30%, y lo que es aún más sorprendente: Si todos las fuerzas extremistas de derecha se pusieran de acuerdo y formara un único grupo, podrían convertirse en la más fuerte de la cámara. Esto no sucederá ya que la heterogeneidad y la caóticar oganización de estas formaciones impide la construcción de una estrategia orgánica y conjunta. Salvini lo ha intentado pero no ha podido reunirlos a todos. El Rassemblement National francés de Marine Le Pen, los liberales austríacos (FPÖ) y la extrema derecha de Estonia, Alemania, Dinamarca y Finlandia se han unido al Primo Ministro italiano. Sin embargo, esta alianza representa apenas un tercio de las bancas ultraderechistas. La coalición gobernante en Hungría Fidesz/KDNP de Viktor Orbán todavía no ha decidido si formar parte de este nuevo grupo, tampoco lo ha hecho la fuerza polaca de Paz y Justicia (PiS) que lidera el ejecutivo de dicho país con mayoría absoluta. La cuestión rusa, los regionalismos independentistas y la heterogeneidad de ideológica y cultural, impide que, por ahora, avancen ese sentido.

El avance ultraderechista, el crecimiento de los euroescépticos -que pasarán a ser casi un tercio de la cámara- y la caída de los partidos mayoritarios históricos son algunos de los elementos que transforman a las elecciones europeas del 26 de mayo en trascendentales para el futuro de la región. Tal vez sea un momento histórico que demandará la construcción de nuevos equilibrios políticos. Tal vez sea, también, una oportunidad para los europeos de expresar con su voto si su indignación con algunos políticos o partidos es más importante que la defensa de valores como la tolerancia y la solidaridad.

*Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Es coeditor del libro Epidemia Ultra. La ola reaccionaria que contagia a Europa (2019, Independiente) y coautor del libro Factor AfD. El retorno de la ultraderecha a Alemania. Asesor de comunicación en campañas electorales en Alemania, donde reside.