Las experiencias de la vida son simplemente experiencias. Sin embargo, nuestro cerebro decodifi ca cada una de ellas y articula nuestras emociones. Desarrollar el poder de transformar el impacto de esas experiencias en nosotros es, por su potencia, algo muy parecido a hacer magia.

Las emociones son procesos innatos que forman parte de nuestra vida. Orquestan nuestro día a día. Sus notas nos nutren, nos ofrecen la energía necesaria para transformar nuestra realidad. Las emociones son un arma de poder, una energía que podemos conocer y controlar para redefinir muchos aspectos de nosotros mismos y de la propia realidad.

Presentar un conjunto de emociones positivas va a influir positivamente en nuestra salud mental, en el estado de salud físico, en relaciones sociales más satisfactorias. Decía Marco Aurelio: “Cuando te levantes por la mañana, piensa en el precioso privilegio de estar vivo, respirar, pensar, disfrutar y amar”. Construir desde una actitud positiva.

Nuestro cerebro es una red compleja que acumula, a cada segundo, grandes cantidades de información. Procesamos estímulos sensoriales, almacenamos experiencias y sueños. La mayoría de estos elementos se guardan en nuestro cerebro asociados a una emoción determinada. Cuando hay un bagaje de emocionalidad satisfactoria, tendremos mejores recursos personales para afrontar las épocas de crisis.

Nuestras emociones pueden ser nuestra gran fortaleza o el cristal que empañe de tinieblas nuestra existencia. Las emociones positivas, además de la satisfacción puntual, nos sirven como mecanismos de aprendizaje. Será muy bueno “acumular” experiencias positivas que puedan contrarrestar de forma más eficaz los estados de negatividad; serán herramientas básicas competentes para transitar los momentos difíciles.

Deberíamos orientar nuestra vida cotidiana en la búsqueda de emociones positivas. Aspectos tan sencillos como permitirnos aprender cosas nuevas, relacionarnos, pasear, tocar, sentir, bailar, caminar o leer. Son pequeños “ladrillos de positividad” que van edificando un cambio continuo. Las emociones son energías que nos crean y nos transforman.

Es también positivo crecer en la alegría, la diversión, la gratitud, la serenidad, el interés, el amor. “Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia”, decía Anatole France. No se trata tanto de bloquear las emociones negativas como de potenciar las positivas, ya que éstas neutralizan las anteriores.

Queremos seguir creyendo que existen las buenas personas, seguir creyendo en la gente solidaria, en la gente que da sin esperar a cambio, en la gente que enseña, crece y quiere un mundo mejor. En la gente que se esfuerza y sigue adelante. Hace más ruido un árbol cayendo, que un bosque que crece. Pero habrá que continuar poniendo fichas a la vida. Ser una persona agradecida con todo y con todos. Parar, escuchar, ver y aprovechar los sentidos en cada momento, ser conscientes del aquí y ahora para grabarlo y disfrutarlo. Esforzarse por conseguir aquello que nos mueve y nos da plenitud. Trabajar por ser mejores y avanzar. Hacer de cada día un conjunto de instantes que merezcan la pena.

Ayudar a los demás, ver la parte positiva de todo, no dejar de buscar nuevos caminos o soluciones alternativas. Dar amor, tener tiempo para el trabajo y también para el ocio. Sonreír. Que nada nos impida seguir plantando semillas para que los árboles sigan creciendo. Porque aunque se oigan más los árboles que caen, sabemos que en nuestra mano está el hacer que otros crezcan y florezcan. Éste es “el peligroso mundo de la vida” donde hemos sido sembrados.

“Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo que él llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía una grieta, mientras que la otra era perfecta y entregaba el agua completa al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón. Cuando llegaba, la vasija rota solo contenía la mitad del agua.

Desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros; la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada y se sentía miserable. Solo podía conseguir la mitad de lo que se suponía debía hacer.

Después de dos años le habló al aguador diciéndole: “Estoy avergonzada porque debido a mis grietas, solo puedes entregar la mitad de mi carga”.

Él, con gran compasión, le dijo: “Cuando regresemos a la casa del patrón quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”.

Así lo hizo y en efecto vio muchísimas fl ores hermosas. El aguador le dijo: “¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? quise obtener ventaja de tus grietas; siembro semillas de flores a todo lo largo del camino por donde tú vas regándolas. Por dos años he podido recoger estas fl ores para mi Madre. Sin ser exactamente como eres, ella no hubiera tenido esa belleza sobre su mesa.”