Ganan premios internacionales con buenas ideas y un espíritu que intenta hacer del mundo un lugar un poco mejor. Las startups argentinas que buscan generar impacto social se multiplican y sus propuestas se hacen oír también en el exterior.

Muchos jóvenes profesionales de carreras como ingeniería informática plasman su sensibilidad en proyectos socialmente responsables. Medicina, ayuda en catástrofes y energía son algunos de los rubros en los que estas iniciativas empezaron a destacarse.

Cómo muestra del enorme potencial local, este año por primera vez se realiza en el país 100K LATAM, una competencia lanzada en conjunto por el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires) y el MIT Sloan Latin America Offi ce, que busca incentivar el desarrollo de startups con capacidad de generar impacto social y/o económico en la región.

“Recientemente, en el IIC en Brasil, competencia de desarrollos de impacto social, el 50% de los competidores fueron de Argentina. Tiene que ver con el perfil de las nuevas generaciones. Además, la tecnología lo está permitiendo y es necesario. Se da una combinación de que se puede hacer y es fácil, y una mayor sensibilidad desarrollada en temas sociales”, explica Andrés Agres, Decano de la Escuela de Ingeniería y Gestión del ITBA.

De esa facultad surgieron varios proyectos con este perfil, que ganaron premios internacionales en el último tiempo. Es el caso de Rescue, una plataforma para acelerar los tiempos de respuesta en catástrofes naturales.

Ramiro Olivera, alumno de Ing. Informática y uno de los creadores de la iniciativa, comenta cómo se originó. “La idea surge hace varios años. Mi hermano era voluntario en la cruz roja y me contaba sobre los problemas que enfrentan los rescatistas para llegar a saber dónde está la gente que tienen que socorrer. No hay helicópteros o si están en áreas inundadas no pueden salir”.

Así, el año pasado, mientras las inundaciones dominaban los diarios y canales, se lanzó la convocatoria para participar en la competencia Imagine Cup de Microsoft (que tiene como objetivo fomentar la innovación y el emprendedurismo local con impacto social) y decidieron brindar una propuesta que sirviera de ayuda a los rescatistas. “Cuenta con una red de drones que vuelan de forma autónoma sobre el área afectada. Mediante inteligencia artifi cial, detectan vícitimas, focos de incendio. Esa información se retroaliemnta en tiempo real para saber a dónde ir. Las emergencias van a los rescatistas en vez de que sea al revés”, señala Olivera. La propuesta ganó el tercer premio en el torno internacional y los jóvenes fueron recibidos por el presidente Macri. Rescue todavía es un prototipo pero ya estuvieron en conversaciones con los Cascos Blancos.

Actualmente, el equipo no abandonan la faceta de emprendimiento social, aunque tienen empleos en la función pública o en el sector privado. Ramiro trabaja con un grupo de psiquiatras en una aplicación que busca reducir el suicidio en adolescentes y jóvenes, cuya tasa se duplicó en los últimos 15 años. “Son las cosas que llegan a apasionar”, dice.

En tanto, su amigo y socio participa en la creación de Lexa, otro de los proyectos destacados, que este año ganador de la Imagine Cup. Se trata de un sistema de digitalizado de recetas cuyo objetivo es salvar vidas al evitar complicaciones y casos de muerte producidos por las recetas médicas ilegible. Según el Instituto Nacional de Medicina y Ciencias cada año más de 1.500.000 personas sufren daños en su salud y más de 7.000 personas mueren debido al manuscrito incomprendido en estas recetas.

También apuntando a temas médicos, otra joven emprendedora, Agustina Fainguersch, creó Muzi, una aplicación para efectuar exámenes de sangre y obtener diagnósticos a la brevedad. Busca romper con los problemas de estigma social y salud. La propuesta fue presentada en Silicon Valley.

“El 50% de los alumnos participan en algún proyecto o están asesorando a alguien. Argentina se destaca por el espíritu emprendedor. Es foco en la región”, comenta por su parte Andrés.

La usina

En el ITBA funciona un equipo de trabajo y talleres orientados a la sensibilización respecto al cambio climático. De ahí surgió el proyecto Kiri, ganador del MIT Climate Colab. Se centra en los equipos de aire acondicionados residenciales y busca que posean una temperatura mínima de seteo de 25°C (77°F).

“Fui a una conferencia en 2012 en la que hablaba John Stegman del MIT y me afectó mucho. Se veía todo el Delta inundado. Todo eso puede desaparecer. Empezamos a trabajar en talleres con material del MIT que traducíamos y se formó un equipo de becarios, del que surgió la propuesta”, explica el Ingeniero Eduardo Fracassi, lider de Sensibilización de Cambio Climático en ITBA y coordinador del Equipo Kiri.

Desarrollaron la fórmula matemática e hicieron el cálculo de la temperatura correcta a la que habría que dejar el aire acondicionado y el ahorro que así se genera: equivale a la energía que se usa en un país como el Reino Unido. Muchos usuarios desconocen que el consumo de energía se dispara exponencialmente con solo cambiar el ajuste en unos pocos grados.

“Queremos tener un alto impacto social. Por eso trabajamos con chicos jóvenes que después van a tener responsabilidad en las empresas donde trabajen. La idea es concientizar sobre la urgencia de acciones para reducir el cambio climático. El margen para hacer un cambio son 20 años. Para 2050 deberían dejar de usarse los combustibles fósiles. La gente sabe del cambio climático pero piensa que se puede hacer de a poco. No entienden que sus propios hijos pueden no llegar a tener el mismo planeta que conocieron”, destaca.

El interés que despiertan los talleres es otra muestra de esa sensibilidad creciente de los jóvenes emprendedores por generar soluciones que cuiden el planeta, al hombre y mejoren la sociedad.