Kike Ferrari sigue trabajando en el subte, pero ya nadie habla de su obra por eso, sino por la calidad literaria de sus textos. Que de lejos parecen moscas es la última novela que escribió sin saber que se iba a publicar y ahora reedita la editorial Alfaguara abriéndole aún más puertas. “Esta novela tiene un personaje principal basado en una persona real, un tipo para el que trabajaba. En el momento en que decido escribir sobre un millonario empecé a buscar un modelo. Busqué en la tele para ver cómo se mueven, cómo hablan, y en un momento me di cuenta de que mi patrón me servía”, dice a BAE Negocios Ferrari en la mesa de sus casa mientras sus tres hijos juegan alrededor.

“Tomé anécdotas que conocía, pero es ficción. Hay una base en lo cotidiano político, hay algunos funcionarios que aparecen mencionados como de pasada. Es para jugar un poco, me gustan los momentos grises entre la realidad y la ficción, que no se define muy bien en qué registro está”, dice el escritor. Habla rápido. Y agrega: “En esta novela yo quería lograr la aceleración. La escribí en un blog, tenía que escribir un capítulo por semana, así lo planeé, quería saber lo que era escribir bajo presión. Es una auto que anda a las chapas por todos lados”.

Esta novela se publicó en editoriales chicas en España, Francia, Italia, México. “Tuvo un recorrido previo bien under”, recuerda el escritor. En España se reeditó y en un mes se agotó.

–¿Desde cuándo querés ser escritor?
–Fui y vine de la idea de escribir un montón de veces, sobre todo porque leo mucho. Todo lo que me gusta trato de hacerlo. Me gusta mucho la música, intenté hacerlo y la verdad es que no tengo ningún talento. Escribir lo hice solito, con ayuda tal vez hubiera sido un escritor más rápido.

–¿Y cómo empezaste?
–Encontré en la literatura una fuga hacia adelante. Estaba viviendo un momento de mierda y yo escribía y decidía lo que pasaba. El primer cuento lo mandé a un concurso. No gané, menos mal porque no tenia nada más para publicar. La literatura sucede con otros, cuando alguien te lee. No hay musas, esto es un oficio. La imaginación se educa y se adquiere, lleva mucho laburo eso.

–¿Cuál es el rol de la literatura?
–A mí me gusta pensar dos cosas opuestas y contradictorias: que nos permite pensar mundos posibles y que es una herramienta profundamente antisistema. La otra cosa que me gusta pensar es que no sirve para nada y no cumple ningún rol y así también es antisistema. Son las dos ideas en las que fluctúo.

–¿Pensás en el lector?
–Me interesa que exista el lector, pero el lector como ente no me importa nada. En el momento de escritura, en el primer paso somos el texto y yo. Cuando ya hice mi tarea, ahí sí me importa un montón el lector porque él va a darle sentido. Muchas veces hacen lecturas que yo no, lo complementan. Cuando pienso en un lector pienso en un tipo más o menos como yo, con mis lecturas pero más inteligente.

–¿Tener trabajos diferentes es complejo?
–El tema de que los laburos sean distintos me parece una bendición, si yo estoy barriendo el subte toda la mañana estoy hecho un avión para escribir. Si estoy corrigiendo novelas de otros no puedo escribir. Si es un tema el tiempo. Tengo tres hijos, van a la escuela, más trabajo en subte, no es fácil encontrar seis horas diarias para escribir. Mis horarios han cambiado en estos años, varios de ellos trabajé a la noche, es muy difícil armar una estructura. Intenté conseguirlo de 7 a 13, cuando entran al colegio mis hijos pero no pasó. Yo hago sindicalismo. Me voy acomodando como puedo. Cuando trabajaba de noche tenía media hora para comer y en vez de usarla para eso me llevaba la computadora para escribir.

–Tus compañeros ¿qué te dicen?
–Somos un montón los que hacemos cosas en subte, hay otros tres escritores, otros que hacen fotografía, música.Yo trabaje en limpieza de noche. Los compañeros se dieron cuenta que escribía con el paso del tiempo, salvo los que trabajaban conmigo directo. Cuando me hicieron notas se enteraron más. Yo tengo unas ideas a alrededor de la literatura, una es que el mundo literario es como los pitufos, solo dos son distintos papá Pitufo y Pitufina. Caminas por ahí. ¿Cuándo dejas de ser uno de los que camina por ahí? cuando te pones un adjetivo: pitufo gruñon, distraído.

Que de lejos parecen moscas, de Kike Ferrari. Alfaguara. Precio: $349