La corrida cambiaria se instaló y hundió las expectativas. El nuevo salto en el tipo de cambio y la pobre respuesta oficial afectaron las proyecciones de mercado (REM). Como era lógico, se espera un escenario de menos crecimiento, más inflación, un tipo de cambio más alto y política económica (monetaria y fiscal) más restrictiva. Así todo, las proyecciones deberían tomarse con cautela, dado el típico sesgo optimista que venían mostrando y a que acaso no todos los participantes hayan adaptado sus cifras al cambio de contexto. Contexto que, no hace falta aclararlo, viene cambiando semana a semana. La clave a muy corto plazo pasa por estabilizar la situación cambiaria-financiera, despejando dudas respecto al programa financiero y permitiendo una intervención más libre al BCRA, de forma tal de que logre contener el tipo de cambio. Sin ello, los problemas derivados de la corrida serán más profundos y prolongados. Se espera una recesión más profunda para 2018. Los datos del INDEC del segundo trimestre (EMAE), el impacto de las renovadas tensiones cambiarias y el endurecimiento (aún mayor) de la política económica llevaron a repensar las proyecciones de actividad. Para este año, la visión de consenso (mediana) pasó de esperar un -0.3% de variación anual del PBI a -1,9%. La recesión técnica (dos trimestres seguidos de caída del Producto) es inminente y podría extender más de lo previamente estimado. Por caso, la proyección de crecimiento para 2019 se recortó de 1,5% a 0,5% entre el relevamiento de julio y el de agosto. Para los analistas, incluso el escenario adverso planteado por el FMI en el acuerdo Stand-By (-1,3% para 2018) es optimista. Desde el gobierno reconocen que este año sufriremos una caída del PBI (se filtró una proyección de -2,4% para este año, luego desmentida), pero apuntan a que la corrección acelerada de los desequilibrios dejará planteado un panorama de repunte en 2019, lo que les permitiría llegar con algo de oxígeno a las elecciones. La inflación esperada subió varios escalones. La depreciación cambiaria y los ajustes pendientes en las tarifas de servicios públicos (ahora posiblemente mayores por la suba del dólar) golpearon las proyecciones de precios. La inflación esperada para fines de 2018 subió de 31,8% anual en julio a 40,3% en agosto, mientras que para 2019 el salto fue de 20,6% a 25,3%. Como era de esperarse, frente al aumento en la incertidumbre la dispersión de las proyecciones se amplió (el desvío estándar subió de 1,6% a 2,9%). Sin embargo, ni el más optimista de los analistas espera que se cumpla la meta acordada con el FMI para este año (27%, con un techo máximo de 32%).