Luego de graduarse en la Universidad de La Matanza como Licenciado en Comunicación y realizar un master sobre Democracia y Gobierno Franco Delle Donne comenzó un camino que lo llevó a radicarse en Alemania. Cuando el año pasado el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) ganó sus primeras bancas en el Parlamento se abocó a estudiar el discurso de los partidos nacionalistas y cómo articulaban un esquema exitoso en Europa. En una breve visita a Argentina para presentar su libro "El retorno de la ultraderecha a Alemania" , patrocinado por la Fundación Konrad Adenauer, dialogó con BAE Negocios sobre los hilos conductores con las expresiones de derecha en América latina.

–¿La cuestión económica es determinante para que surjan y crezcan las opciones de derecha?
–Creo que tiene más que ver con una cuestión política y de crisis de representatividad. Mucha gente piensa que los partidos políticos tradicionales no responden a sus intereses y a sus demandas. La fuente de ese descontento es múltiple: algunos sienten que es un tema económico porque está amenazado su sistema de bienestar y hay gente que siente que no comparte más la política de los partidos gobernantes que están hace muchos años.

–¿Por qué la demanda de alternativas es por extrema derecha, y no por el progresismo o la izquierda?
–Creo que han logrado una capacidad comunicacional para atraer también a otros sectores que no se los puede calificar como amantes de un discurso de derecha. Lo que han logrado los los ultraderechistas es incorporar a su discurso demandas que otros partidos tal vez estaban ignorando. Por ejemplo, cómo te sentís más o menos alemán y el tema de los migrantes.

"Trump legitimó la idea de poner el  propio grupo de pertenencia por delante de todo lo demás"

–Bueno, los componentes xenófobos suelen estar en los partidos de derecha.
–Claro, pero acá se genera una especie de cruce interesante. Porque llegan extranjeros que son una mano de obra barata y que pone en peligro la continuidad de empleos. Entonces los sindicalistas tienen la disyuntiva de plantearse la postura de abrir las puertas para recibir a los refugidas, aunque es una política que los terminará perjudicando.

–Y pone en un brete a los sectores progresistas sobre el tema
–Ahí se ve cómo la posición progresista no ha podido lograr una postura clara al respecto en un tema que es complejo. Y me parece que ahí está la clave. La ultraderecha tiene una capacidad enorme .para ofrecer soluciones simples a problemas complejos. Las soluciones simples se pueden comunicar de manera muy fácil. El problema de los partidos tradicionales es que saben que se necesitan soluciones complejas para los problemas complejos pero no saben contar lo simple.

–¿Una especie de engaño?
–Ahí está la trampa. Si yo digo que no hay plata para reparar escuelas porque van para los refugiados, es un razonamiento lógico, que tiene sentido, pero no es necesariamente serio. Porque si el dinero no fuera para los refugiados, no hacer certeza de que fuera a las escuelas, o que el problema de las escuelas sea otro. Los derechistas logran conectar elementos para hacer una propuesta coherente, si no se tiene ganas de profundizar mucho.

–¿La llegada de Donald Trump potenció a esos partidos?
–Lo que sucedió es que logró legitimar esta idea de que hay que poner por delante de cualquier otra grupo al de uno. El "American first" es lo mismo que el Alemania para los alemanes que propone Alternativa y que plantea la existencia de una amenaza latente. Tiene la misma capacidad narrativa.

–¿Cómo se manifiesta en América latina?
–Hay muchas diferencias en términos regionales porque la historia del nacionalismo en los países de la región no es la misma que en Europa. Pero hay una agenda parecida en temas de género, en plantear que no hay calentamiento global y cambio climático .., ahí se empieza a ver la globalización, esa narrativa de estas soluciones simples para problemas complejos.

–¿Cómo se posicionan los partidos progresistas frente a eso?
–Si esta situación se mantiene en el tiempo, el discurso de la derecha y de la ultraderecha que ahora es la ruptura, dentro de 30 años va a ser el consenso. Y vamos a pensar que está bien lo que piensa Alternativa, Bolsonaro o Le Pen. Hay que ver cómo los partidos tradicionales dejaron el espacio para que esto suceda.