Días atrás leí con cierta expectativa que podría reunirse, después de un año, el Consejo del Salario. Resulta llamativo que la convocatoria sería después de las PASO, dejando ver que importa el poder adquisitivo del trabajador pero más importa aun poner en valor un espacio de negociación con dos actores vitales en la futura contienda electoral: sindicatos y cámaras empresarias.

Habitualmente en mis columnas reflexiono sobre aspectos del área de recursos humanos y del management en general. Por eso dejaré de lado lecturas políticas de ocasión para centrarme en el espacio, en el Consejo del Salario. Si tomamos en cuenta sus resultados, cabe decir que son mínimamente cuestionables: $12.500.- es el actual salario mínimo y entiendo el desfasaje en su actualización tenga que ver con la falta de periodicidad en la convocatoria del Consejo. De todas maneras, vale destacar que si hubiera habido reuniones habituales tal vez el salario mínimo sería el mismo. Prefiero pensar que mayor contacto entre las partes hubiera generado un seguimiento y propuestas de ajuste.

Dejando de lado los cuestionables resultados de su gestión quisiera hacer foco en sus objetivos, en la razón de su existencia. Transitando ya el siglo XXI, ¿seguir llamándose de esa manera no merece una reconsideración? Ya no rige un imperio romano que realizaba pagos de sal a sus soldados, ni necesidades de conservar la carne por falta de refrigeración. Y justamente al repensar su nombre, probablemente daría espacio al debate sobre sus objetivos.

En primer lugar si bien es cierto que $12.500.- es la referencia para aquellos trabajadores que están fuera de los convenios laborales, en la actualidad tenemos una serie de flagelos que agravan la precarización laboral y son directamente relacionables con lo acordado en el Consejo del Salario; personas sin registración laboral o bajo condiciones de trabajo insalubres son alcanzadas por este monto toda vez que sus empleadores lo tienen en cuenta al momento de la contraprestación monetaria. En suma a eso, la triste combinación de altos índices de pobreza y desocupación también guardan relación con el salario mínimo. Yendo al análisis de los $12.500.-, no tomé contacto con ningún análisis que contemple los costos laborales asociados a ese monto. Como todo sueldo de él derivan aportes y contribuciones que, como hemos visto en columnas previas, en Argentina se revelan como los más altos de la región y denostan la competitividad nacional.

Ya no rige un Imperio Romano que realizaba pagos de sal a sus soldados

Bien podría este espacio generar líneas de investigación aplicada para que luego todo el mundo del trabajo tome y adecúe a las distintas industrias. Vale recordar que tenemos instancias como el Ministerio de Trabajo, los Sindicatos, las Cámaras Empresarias y otros referentes que necesitan aunar esfuerzos para enfrentar los desafíos que el nuevo siglo asocia al trabajo.

En esta línea de modernizar el Consejo del Salario, tal vez el mejor nombre a considerar sea el siguiente: Consejo de las Compensaciones. Desde hace tiempo en Recursos Humanos se habla de ellas porque el sueldo (hace décadas ya no se habla de salario) dejó de ser lo único viable de ofrecer a un trabajador por disponer su fuerza de trabajo a favor de un empleador. En la actualidad los colaboradores demandan formación, desarrollo profesional, proyectos, estabilidad, clima laboral y fundamentalmente beneficios. Todos y cada uno de estos componentes de la Compensación Integral tienen un costo asociado que suma al sueldo inicial. Por tanto, resulta obsoleto e incompleto que tan solo dos actores debatan sobre el monto que debe tener el ingreso base de una persona.

Es más, ¿alcanza con la intervención de empresarios y sindicalistas? Teniendo en cuenta la complejidad del trabajo y el nivel de investigación que distintas ciencias y disciplinas han alcanzado, ¿no sería pertinente involucrar especialistas de recursos humanos, sociólogos del trabajo, psicólogos organizacionales e ingenieros en estructuras de trabajo industrial? A mayor diversidad de actores intervinientes, mayor el nivel interdisciplinario del Consejo de las Compensaciones y la posterior riqueza de sus resultados.

Sostengo que como la mayoría de las cuestiones que definen nuestras estructuras laborales, la obsolescencia del Consejo del Salario se convierte por igual en un ejemplo de algo anticuado para los nuevos tiempos pero pasible de reformulación para evolucionar. Las soluciones que arroja dicho Consejo, son para problemas de otro siglo. Creado el Consejo de las Compensaciones, podría convertirse en una referencia para posteriores negociaciones colectivas y prácticas de recursos humanos en las organizaciones. Y así, continuar la conversión de obsolescencias en modernidades innovadoras. Porque eso necesitan nuestras estructuras laborales.

* Profesional del Área de Recursos Humanos

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