Con el avance de las tecnologías muchos rubros comenzaron a cambiar las técnicas aplicadas, observando mejoras en el trabajo final. La aparición de la impresora 3D fue una revolución en las especialidades médicas, como en la cardiología y la odontología.

En varias ocasiones se mencionó la aplicación de las impresoras para la creación de órganos por medio de impresoras tridimensionales. En Argentina, la implementación de la tecnología lleva un proceso mucho más lento que en los países primer mundista, ya sea por la situación económica o trabas de importación.

Varios sectores e industrias, se vieron afectados con grandes ventajas en términos de productividad, costos, personalización y plazos de fabricación por la aparición e implementación de las tecnologías. Por todo lo anterior, la odontología apostó a las impresoras 3D para facilitar la adaptación de soluciones a cada paciente. Por medio de un relevamiento mundial, la consultora QY Research señaló que se espera que las impresiones en el sector alcancen u$s930 millones para finales de 2025, es decir un crecimiento anual del 17%.

Por el momento, en Argentina existen menos de diez centros que apliquen los métodos mencionados asegurando un trabajo bien hecho. En Quilmes, el conurbano sur de Buenos Aires, se puede encontrar una de las pocas impresoras que ingresaron al mercado odontológico. Allí, Jorge Martínez, Odontólogo de Scan Dent, comentó que permite una mejor adaptación a la boca de las personas y un menor rechazo al material.

El proceso de impresión no dura más de siete minutos, mucho menor al de una porcelana

Los pasos para el arreglo de una pieza dental, siguen siendo los mismos: Primero se realiza un escaneo, el diseño dental un escaneo intraoral de la pieza a trabajar, o bien se puede tomar por medio de la tradicional impresión en yeso.

En segundo paso, una vez obtenido el material principal, los especialistas comienzan con el diseño teniendo en cuenta la restauración de piezas dentales para que coincida con las especificaciones indicadas por el dentista y con el entorno intraoral. A la hora de tener el molde, al paciente se le toman pruebas del color del diente para saber el tono de zirconio (material utilizado para tallar el diente) que deben utilizar.

Por último, el proceso de impresión no dura más de siete minutos, por lo que reduce notoriamente el tiempo habitual de creación de una pieza dental de porcelana. El cliente puede irse de la visita odontológica con una corona provisoria que solo lleva unos minutos.

Ahora bien, la corona permanente tiene un proceso más extenso debido al esmaltado, ya que el proceso debe ser el mismo al de porcelana para que las perfecciones de color realizadas a mano se adhieran correctamente al material.

"Anteriormente los pacientes podían rechazar las piezas, ya sea el perno o la corona y teníamos que hacer todo el proceso de nuevo para ver el tipo de material que acepte su organismo. Ahora, con la eliminación del metal utilizado y la implementación del zirconio eso ya no es un problema", enfatizó Martínez.

La impresión en la odontología facilita la creación de guías quirúrgicas, coronas, alineadores, prótesis dentales, entre otras; consiguiendo adaptar cada solución al paciente con gran precisión. No solo se aplica la tecnología en las piezas dentarias, sino también en trabajos más realizados y frecuentes como un tratamiento de conducto.

Desde la niñez muchas personas se ponen nerviosas cuando deben ir a los dentistas y más cuando el profesional debe realizar algún trabajo con el taladro, herramienta odontológica que se usa frecuentemente para realizar un tratamiento de conducto o eliminación de caries.

Pero eso ya no será un problema, porque gracias a los avances en la ciencia el temido taladro se convirtió en una herramienta láser que consigue eliminar más porcentaje de caries que el original. "Con el láser conseguimos eliminar un 99% de las caries, cuando antes no se podía asegurar que se alcanzaba un 30%", agregó el profesional.