El fiscal federal Federico Delgado publicó el libro In Justicia en el que denuncia la trama de corrupción, ineficiencia e impunidad en la Justicia argentina. Ante la pregunta de BAE Negocios de por qué decidió escribir el libro, sostuvo: "Soy un servidor público y, porque mi obligación, como abogado de la gente, porque eso es un fiscal, es contar lo que está bien y señalar lo que está mal para cambiarlo".

–¿Usted cree que la Justicia federal responde a los gobiernos de turno?
–En general, y es una patología del sistema, la Justicia suele acompañar a los gobiernos de turno. Eso está mal y no se arregla de un día para otro, porque la imparcialidad se construye a lo largo del tiempo. Es un trabajo duro, largo y que tenemos pendiente.

–¿Con cuántos recursos humanos y tecnológicos cuenta en su despacho para investigar?
–La dotación de personal es poca y la tecnología es vetusta. Nos falta buena Internet. Nos faltan herramientas informáticas, asesores contables. Se trabaja en condiciones que no son las ideales.

–¿Alguna vez le ofrecieron coima?
–Cuando empezaba, y de manera sutil, se acercaban personas con insinuaciones que nunca se concretaron. Con el paso de tiempo, nadie más se acercó.

–¿Qué piensa de Norberto Oyarbide?
–Como persona no lo califico. Como juez, en el libro lo trabajo como un concepto, porque expresa el tipo de juez que eligió ser leal al poder de turno y no a la Constitución por la cual juró.

–¿Qué pensó cuando vio el video de los bolsos de López (causa que tuvo a cargo en la instrucción)?
–No lo podía creer. Me sorprendió mucho. Me enseñó que uno nunca tiene que decir que lo vio todo.

–¿Ve similitudes en la causa de los cuadernos? ¿Cómo le parece que va a avanzar?
–Tiene muchas similitudes y deseo fervientemente que avance. Pero todo el Estado, y también la sociedad civil, tiene que acompañar a la Justicia porque extirpar la corrupción es un trabajo colectivo.

–¿La corrupción mata?
–La corrupción mata como aprendimos, tristemente, con Cromañón y Once. Pero también nos quita educación, hospitales, científicos, jubilaciones y trabajo.

–¿Qué piensa de la Justicia hoy?
–Que enfrenta el desafío más grande que puede enfrentar un sistema judicial: recuperar su credibilidad.

–La figura de jefe de asociación ilícita como tiene Cristina, ¿es complicada de probar?
–Ese delito es complicado. Hay que probar que tres o más personas se reunieron con cierta permanencia en el tiempo, con el objeto de cometer delitos de manera indeterminada. Hay que probar que el fin de la reunión era delinquir.

–A su criterio, ¿sirve la figura de imputado colaborador?
–Más allá de los reparos éticos, que el Estado pacte con delincuentes, por otro lado, si lo hace gana en eficacia. Ese es el dilema. Es innegable que sirve. Digo: es una herramienta útil, pero contiene un dilema moral.

–Una causa como la de los cuadernos, donde hay políticos, empresarios y un juez, hace sentir que el sistema está destruido, ¿la Justicia lo puede salvar?
–El desafío es muy grande y no sólo se lo podemos exigir a la Justicia.

–¿Por qué quiso ser fiscal y por qué lo sigue siendo?
–Entré a Tribunales por casualidad, con algo de fortuna fui ascendiendo. Aunque disfruto el cargo, me gusta y trabajo con pasión, siento que es una etapa terminada y me gustaría cambiar.

–¿Hay salida a la corrupción judicial?
–Sí, hay salida. Como digo en el libro, hay que trabajar en términos culturales, hay que hacer algunas reformas legales y aplicar premios y castigos para que la Justicia no sea un juego imposible.