Decía Benjamin Franklin: "La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días." Si queremos ser felices tendremos que apreciar todo lo que existe a nuestro alrededor y dejar de quejarnos por lo que nos falta. Es casi imposible que todas las áreas de nuestra vida estén completas, pero eso no quiere decir que no podamos ser felices con las pequeñas cosas cotidianas.

El corazón sabio se alimenta de pequeños detalles, de esos que están hechos con atención, amor y dedicación auténtica. Gestos que además no valen dinero y se ofrecen a cambio de nada. Porque es increíble cómo los detalles más simples tienen el poder de cambiar por completo un día que amaneció gris. Es como un espacio vacío sobre el que construimos una realidad auténtica y significativa. La belleza se esconde en los detalles más cotidianos y a la vez sorprendentes,los que pueden apreciarse mediante el arte de la observación y la receptividad.

Dicen que las personas detallistas son más inteligentes. Su método natural de observación suele focalizarse en pequeños aspectos de la realidad que no todos advierten, matices que no todo el mundo percibe. Las personas que saben apreciar los detalles, son también las que más los cuidan y las que a su vez, saben regalarlos a otros. Intercambiar momentos y no objetos es un arte. Con ello logramos poner esa pincelada de luz y el color adecuado en el momento preciso. Una labor en la que todos deberíamos invertir tiempo y esfuerzo para construir relaciones más auténticas.

Los pequeños detalles moldean a las personas en "acero inolvidable", las hacen únicas y excepcionales. Haciendo gala de su gran sensibilidad, no solo sienten y piensan por ellos, sino por su entorno. Tienen una gran capacidad para empatizar, captar, proteger y caminar con las emociones ajenas.Siempre tienen un momento para escuchar, para entender y para esperar. Las personas hermosas son raras porque no se distinguen por la cara, sino por el alma. Son valientes y sencillas por dentro y por fuera. La grandeza de una persona se mide por la lealtad de su corazón y la humildad de su alma, donde los detalles son importantes. Las buenas personas ni siquiera son conscientes de la capacidad de sintonía que tienen con sus semejantes.

El amor está en los pequeños detalles. En el ritmo frenético que nos toca vivir, los detalles de amor cobran mayor importancia. Las relaciones personales se forjan en el día a día a base de acumular experiencias vividas con la pareja, la familia y los amigos. Las alegrías, los buenos ratos o logros comunes, pero también los sufrimientos y las decepciones contribuyen a asentar las bases de esta interacción. Es malo el aburrimiento, la falta de emoción y la rutina.

La mayoría de las personas amamos los pequeños detalles. En ellos alimentamos nuestra fuerza, nuestra humildad, nuestra grandeza, nuestros vínculos y nuestros afectos. Si nos esforzamos por hacernos coleccionistas de momentos emocionales lograremos disfrutar de los pequeños detalles, lo cual nos ayudará a fortalecer nuestros vínculos y a sentirnos mejor en el día a día. Los pequeños detalles cotidianos son los que marcan la diferencia, aquellos que permanecen invisibles a los ojos pero que brillan con luz propia.

Un mínimo detalle es capaz de llevarnos a lo más álgido del éxito o al fracaso más angustioso, ya que se encuentran difuminados entre millones de intenciones. Los pequeños detalles tienen mucho poder, pues su peculiaridad les permite revertir situaciones, inundar almas de energía positiva o negativa, sacar sonrisas de las caras más tristes o provocar un llanto. "He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir" decía Maya Angelou.

"Tras diez años de severa disciplina, Zenno ya se consideraba digno de ser elevado a la categoría de maestro zen. Un día lluvioso fue a visitar al famoso Nan-in. Al entrar en su casa, este le preguntó:-¿Has dejado fuera tu paraguas y tus zapatos?-Por supuesto -respondió Zenno-. Es lo que manda la buena educación. Actuaría de la misma manera en cualquier lugar.

-Entonces, dime, ¿pusiste el paraguas a la derecha o a la izquierda de tus zapatos?-No lo sé- admitió Zenno tras un momento de vacilación.

-Zen es el arte de tener conciencia total sobre lo que hacemos -explicó Nan-in. -La falta de atención a los pequeños detalles puede destruir por completo la vida de una persona. Un padre que sale corriendo de la casa puede olvidar un puñal al alcance de su hijo pequeño. Un samurai que no mira todos los días su espada la encontrará oxidada cuando más necesite de ella. Un joven que olvida llevarle flores a su amada terminará por perderla.

Y Zenno comprendió que, aunque conocía bien las técnicas zen del mundo espiritual, había olvidado lo más importante: aplicarlas a la vida cotidiana. Para reparar su descuido permaneció otros diez años practicando y prestando atención a los pequeños detalles."