2017 terminó con una bomba que cambia el mapa del entretenimiento audiovisual: la compra de todo lo que tiene que ver con cines y contenidos audiovisuales de Fox por parte de Disney (se sabe, la pata periodística seguirá en manos de Rupert Murdoch) por u$ 52.400 millones. Pero es la última señal de la recomposición definitiva del Viejo Hollywood, aquel que cinco empresas dominaban absolutamente (RKO, Warner, Paramount, MGM y Fox) el único negocio audiovisual pre TV, el cine. En esos tiempos, los cinco grandes tenían la producción de películas, pero también la distribución y la exhibición, hasta que un enorme juicio antimonopolio obligó en 1948 a las majors a desprenderse de las salas. El eclipse, con algunos momentos de brillo y poder, llegó hasta la revolución digital. Hoy aquel viejo conglomerado ha resurgido de sus cenizas en aun menos manos y con muchos, muchísimos más negocios.

Pero todo viene de mucho antes. Articulemos el balance del negocio audiovisual en tres momentos. El primero, el anuncio de Disney -uno de los dos grandes protagonistas del año- de que cerraba su pacto de exclusividad para SVOD con Netflix -el otro gran protagonista- a partir de 2019. El segundo, que Netflix y HBO discuten la posibilidad de que una hora de producción televisiva llegue a los u$ 20 millones. El tercero, la fusión Disney-Fox. En el medio, el escándalo Weinstein tiene también una perspectiva económica, y la caída -aún en veremos dadas las acciones judiciales que se emprenderán en breve- de la "neutralidad de Internet", que permite a los ISP a cobrar diferenciado a quienes usen sus servicios. Y la demorada -por el Gobierno de los EE.UU.- fusión entre la telco AT&T y el gigante de contenidos Warner. La maraña parece una novela de detectives, pero todo tiene un mismo fin: el que domine la web, dominará el negocio.

Para dominar la web hacen falta contenidos exclusivos, conexiones rápidas y de banda bien ancha, y presencia global. Disney, Warner y Netflix tienen presencia global y contenidos, pero cuanto más tengan de lo último, mejor. Los Weinstein tenían contenidos pero el sello no lo quiere nadie, aunque La vida es bella (por mencionar una de sus producciones de catálogo) todavía es un bien que produce dinero. AT&T es el primer operador de red y telefonía de los EE.UU., tiene banda ancha y conexiones rápidas: si se fusiona con Warner y se cae la neutralidad de la web, le da a la casa matriz de HBO -que ya tiene su propio SVOD- una ventaja competitiva que los demás no tienen. La alternativa para Netflix, ante la imposibilidad de hacer crecer su catálogo con marcas establecidas -porque están en manos exclusivas de otros- es producir cada vez más grande y más caro. En última instancia, el nuevo ecosistema queda en muy pocas manos, aquellas que pueden tener, nuevamente, la producción (contenidos), la distribución (acceso barato a Internet de modo global) y la exhibición (sus propios SVOD que se amortizan con el pago de una suscripción y se vuelven atractivos justamente por el catálogo exclusivo y la calidad de imagen que provee la tecnología de datos).

Esto explica los cinco años de compras de marcas fuertes por parte de Disney: Marvel, Jim Henson, Lucasfilms (es decir, superhéroes, los Muppets y Star Wars), a lo que ahora se suma Fox (lo que le da Los Simpson, los X-Men y Los 4 Fantásticos, esos Marvel que no poseía) y todas las películas de James Cameron, incluyendo la nueva trilogía Avatar que arrancaría en 2019. La otra parte del catálogo importante de Hollywood la tiene Warner. Netflix debería generar sus propios contenidos y contar con los de las majors sin exclusividades. La producción independiente puede pasar a canales alternativos (y millonarios) como YouTube, que pertenece al monstruo Google (y ya tiene su propio SVOD), y están los players como Hulu y Amazon, cuyo core bussiness no son los contenidos pero que pisa fuerte por sus posibilidades de distribución. Si se suma, se verá que las empresas son más bien pocas.

En este panorama, el cine -por ejemplo- local se reduciría al de gran público (para cada mercado en particular) y estrenado en sociedad con las majors. Ejemplo: Disney estrenó en la Argentina, en los últimos años, películas exitosas como El ciudadano ilustre, Gilda o el éxito de este año Mamá se fue de viaje. Relatos salvajes, por ejemplo, fue distribuida por Warner (y por Sony en el resto del mundo) y El Clan, por Fox. Es decir, los mejores negocios de cada país aportan a las mismas cuatro o cinco empresas que dominan todo el mercado. El cine, por otro lado, es lo que permite la difusión y el "arranque", la instalación de una película. Pero los verdaderos negocios van, entre otras cosas, por los derechos derivados (el merchandising, la cesión para TV de aire o cable, etcétera). De allí que sea importante un catálogo amplio y exclusivo.

El verdadero negocio de esta época pasa por la web y los derechos derivados

Dicho de otro modo: 2017 es el año en el que, con mayor énfasis, se ha visto el movimiento hacia la concentración total del negocio audiovisual. Y los que salen realmente ganando son los que ya tenían una posición dominante, por un lado, y los que tienen el control de la tecnología, por otro. Poquísimas manos, lo que en algún momento comenzará a causar distorsiones. ¿Podrá Netflix comprar por u$ 12,5 millones una película en Sundance, como hizo en 2016 con el drama Mudbound? Un SVOD de Disney parte con una envidiable cantidad de "tanques", lo que puede llevar a que otras empresas dejen de comprar por demasiado. Esa es otra cuestión: ¿sobrevivirá Netflix o deberá volverse sobre todo productora de contenidos sostenida por su SVOD, cuando el negocio hasta hoy era a la inversa, ante el avance de Warner y Disney en su propio terreno? El gran problema es que el creador independiente y el arriesgado de país no central tendrá cada vez menos ventanas y, por consiguiente, menores posibilidades de hacer un buen negocio. El futuro inmediato es una concentración todavía mayor y un sistema aun más perverso.