“Que las cosas sean de una manera no quiere decir que no se puedan cambiar”, afirmaba el profesor de Filosofía Merlí Bergeron, el protagonista de la serie española. Divertido, didáctico, polémico y querible, en cada clase presentaba las ideas de un pensador diferente y, así, estimulaba a sus alumnos a analizar su propia existencia.

Es que, precisamente, la filosofía propone, desde hace siglos, indagar, interpelar y poner en duda hasta las certezas más arraigas y cuestiones tan sensibles como la verdad, el conocimiento, la justicia, la belleza, la moral, la política y el ser.

Así, se trata de una disciplina que pretende iluminar el pensamiento. Y si bien tiene siglos de existencia, ahora aparecen indicios de un renovado y creciente interés por ella que trasciende el circuito académico para abrirse al público masivo.

La televisión puede inspirar

El éxito de la serie Merlí, en España y en el resto del mundo, demuestra que la Filosofía puede convocar a multiplicidad de perfiles y ser tan entretenida como reveladora.

Con tres temporadas (que terminaron a inicios de este año) emitidas por la señal catalana TV3, Merlí logró un porcentaje de audiencia del 22 %, superando la media de la señal (12%); y atrajo a unos 80 mil espectadores a través de Internet. De hecho, fue adquirida y divulgada por Atresmedia, Netflix, Filmin, Canal Plus Francia y ETB.

Su creador, Héctor Lozano, recientemente anunció que finalizó la redacción de la novela sobre el cé- lebre profesor titulada Cuando fuimos los peripatéticos (Editorial Planeta); y que el narrador será Bruno, hijo y alumno de Merlí, quien recordará lo vivido en aquellos años.

Pensar la política

Desde hace tres semanas y hasta el 11 de julio, en el Museo del Cabildo de Buenos Aires se dicta un curso gratuito de Filosofía Política que, a sólo 45 minutos de haberse abierto la inscripción, quedó sin cupos. Debió, entonces, hacer una lista de espera en la que están anotados más de un centenar de personas.

Damián Rosanovich, doctor en Filosofía, becario posdoctoral del Conicet y trabajador del Instituto de Filosofía de la UBA, es el responsable del curso que desarrolló con apoyo del director de aquella institución, Francisco Bertelloni, y del director del Museo del Cabildo, Gabriel Di Meglio, quien a su vez lo convocó para sumar una nueva oferta de clases gratuitas y de calidad para un público heterogéneo. Rosanovich, compartía con él la intención de impulsar actividades para divulgar la Filosofía como ocurre en Alemania e Italia, países en los que también se formó.

Para dictar las clases convocó a diversos especialistas para que cada uno de ellos expusiera las bases del pensamiento de Maquiavelo, Descartes, Hobbes, Spinoza, Rousseau, Kant, Fitche, Hegel, Kierkegaard, Marx, Nietzsche, Gramsci, Schmitt, Voegelin, Jakobs y Arendt. Todos tienen en común que, entre los siglos XVII y XIX, pensaron al Estado (en consecuencia, conceptos como soberanía, representación política, revolución, derechos…) y que, más allá de la coyuntura, “miraron la esencia de la política y del ser humano. Por eso también nos están hablando ahora”, afirma el también profesor de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

Explica, además, que su intención es terminar con la disociación que parece haber entre lo que sucede a nivel público y a nivel universitario. “Es posible hacer un trabajo riguroso, de calidad y entretenido para una audiencia masiva”, afirma.

Por su parte, Di Meglio admite que percibe “un interés fuerte por la Filosofía, mucho más que antes, por fuera de los ámbitos académicos. Creo que tiene que ver, entre otras cosas, con estar viviendo épocas complejas. En definitiva, ella se pregunta por los fundamentos de la existencia. No por nada elegimos ofrecer este curso”.

Pero ¿por qué tanta gente se volcó a anotarse? Rosanovich señala que “vivimos en una sociedad con un interés muy importante en la Política”; pero, al mismo tiempo, “las discusiones en los medios de comunicación y en las redes sociales se dan a partir de frases hechas y lugares comunes atados a la coyuntura. Eso no es discutir con argumentos. Para evaluar, analizar y reflexionar sobre la realidad política es preciso apelar y recurrir a otro tipo de saberes y recursos más sólidos, articulados de otras maneras”, indica. Quienes entienden e identifican que necesitan mejores herramientas para pensar y argumentar, las encuentran en oportunidades como la que ofrece el Museo del Cabildo.

De regreso al origen

Otra propuesta es la de la editorial Galerna que nace en respuesta a quienes desearían leer los escritos de los grandes fi lósofos, pero sin que se vuelva una tarea engorrosa o demasiado complejo. Se trata de la colección La revuelta filosófica, dirigida por el doctor en Filosofía, Lucas Soares, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y de la carrera de Filosofía de la UCES (que también es gratuita).

Soares -quien además está al frente de dos cursos de Filosofía en el Centro Cultural Rojas- explica que la colección está proyectada a largo plazo, con 12 volúmenes. Este es el tercer año y se espera completarla en 2020. Por lo pronto, ya se publicaron libros sobre Epicuro, Nietzsche, Derrida, Eriúgena, Spinoza y Schopenhauer. En abril será el turno de Kierkegaard y, antes de fin de año, de Los Cínicos. Todos son textos “de prestigio que, incluso, forman parte de planes de estudio de la carrera de grado pero que también resultan atractivos para un público no especializado. Así, juntamos dos mundos: el académico y el masivo”, revela el académico. ¿Cómo? Cada libro contiene un estudio preliminar, realizado por un especialista, acerca de las ideas de un fi lósofo determinado; y una selección de fragmentos clave de textos originales.