En Argentina ya se hizo común una imagen que se repite en numerosos países del mundo; la de los repartidores de lo que sea llevando a cualquier hora todo tipo de productos, o vehículos transportando personas también a la hora del día o la noche que sea, entre otras actividades unidas por un denominador común: forman parte de la llamada GIG Economy, que está generando a nivel global miles de millones de dólares. Y que, si bien para muchos es una oportunidad laboral flexible y cómoda, es interpretada por muchos otros como otro sinónimo de precarización y explotación.

¿Y qué es la GIG Economy? La también llamada "economía colaborativa" o "economía de los pequeños encargos" de acuerdo con el blog financiero Bankinter "es una nueva relación laboral en el que se contratan empleados puntualmente para trabajos esporádicos, en los que los empleados aportan todo lo necesario para la actividad". Si bien los ejemplos más conocidos a nivel mundial son Uber o Airbnb, son varios los sectores cuyas compañías utilizan cada vez más este estilo de trabajo.

De acuerdo con Bankinter, ya en 2017 el gigante Amazon anunció 247 puestos de atención al cliente para trabajar desde casa ûcon el objetivo de alcanzar los 5.000 puestos y GitHub, una empresa de desarrollo de software, también anunció su intención de contratar a ingenieros dispuestos a programar desde sus hogares.

Xerox, Adobe o Lenovo, son otras de las compañías con empleados de perfil técnico, o dedicados a los apartados de Control de Calidad, Atención al Cliente, o Data Entry que se desempeñan bajo esta modalidad de contratación.

Según el informe Freelancing in America: 2017 (FIA), unos 57,3 millones de estadounidenses trabajan como freelance, aproximadamente un 36% de la fuerza laboral de ese país, y generan 1,4 billones de dólares para la economía de Estados Unidos. El documento señala que "el 54% de esta fuerza laboral cree que el trabajo que ahora hacen no existirá dentro de 20 años y que la resilencia es una habilidad crítica", y añade una conclusión sorprendente: la mayoría de trabajadores de Estados Unidos será freelance para el año 2027.

Según explica el sitio web Reporte Fintech, este modelo laboral podría compararse con el trabajo de freelance, ya que consiste en aceptar encargos de una duración concreta y sin exclusividad con la empresa contratante. Y resalta que a medida que este mercado crece, también lo hace la competencia entre los proveedores de aplicaciones y otros intermediarios. "Esto significa que para atraer nuevos trabajadores, las plataformas deberán ofrecer mayores beneficios para que haya más gente que elija trabajar para ellos", agrega el sitio.

En la lista de las 500 compañías más ricas del mundo se encuentran cada vez más empresas que explotan el trabajo de "empleados independientes", según un estudio publicado por Morgan Stanley. Uno de cada cuatro trabajadores estadounidenses participa en la economía colaborativa, y para un 10,1 % de ellos, es su principal fuente de ingresos, según "Gig Economy Data Hub". Pero la realidad muestra otras caras de esta modalidad que viene creciendo a nivel global.

Organizados

En Europa (donde hay una fuerte y antigua tradición de lucha por los derechos laborales) este tipo de trabajador es conocido como precariado, -o proletariado precario-, un concepto que viene ya de los años 80, y surgió con el avance del neoliberalismo y la aparición de un grupo cada vez más importante de trabajadores despojados de la seguridad laboral típica de la época del estado de bienestar.

Según las evidencias a nivel global, esta clase consiste, mayoritariamente, en migrantes, jóvenes educados que no pueden encontrar trabajo estable y personas despedidas debido a la imparable transformación tecnológica de los procesos económicos. Estas personas no tienen otra opción que aceptar un trabajo no protegido y sin garantías, contribuyendo así al abaratamiento de la mano de obra en general. Así, no es sorprendente que constituyan la capa más pobre de la sociedad.

Ninguno de estos rasgos distinguiría al precariado de la clase obrera que existía en épocas previas al estado del bienestar, salvo por un elemento: la capacidad de organizarse. En el pasado, los sindicatos fueron, en última instancia, el factor clave que fortaleció las posiciones de la clase trabajadora. El tema de discusión es si los atomizados y aislados trabajadores de las plataformas digitales podrán crear uniones obreras capaces de proteger sus derechos.

Así las cosas, tan temprano como en 2016 tuvieron lugar las primeras huelgas de repartidores contratados por las "apps" de entrega de comida Deliveroo y Foodora, en el Reino Unido e Italia, respectivamente. Desde entonces, se han producido movilizaciones cada vez más importantes en distintos lugares del mundo. Estos hechos rebajaron el temor de que los trabajadores no podrán organizarse efectivamente debido a la falta de comunicación existente entre ellos.

Dos años más tarde, colectivos de mensajeros de Hermes y Deliveroo en el Reino Unido lograron una resonante victoria judicial tras probar que eran trabajadores asalariados y no "contratistas independientes", por lo que sí tenían los derechos laborales que les correspondían como empleados.

"Algo ha cambiado con respecto al poder de los trabajadores en la economía del trabajo. A pesar de los enormes riesgos, los trabajadores empiezan a luchar y a ganar", comentó en agosto del año pasado el activista y periodista Nithin Coca. Tan solo dos meses más tarde, se creó en Bruselas la Federación Transnacional de Repartidores (TFC, por sus siglas en inglés), que engloba a 31 uniones que operan en doce países.

Como resultado de la discusión generada por la presión sindical, el Parlamento Europeo aprobó 18 de abril una ley que establece el derecho de los trabajadores de la economía gig a predeterminar su tiempo laboral y a recibir compensaciones por su trabajo fuera de horario. Todo esto no significa que el proletariado precario de la economía digital vaya a obtener automáticamente todos los derechos laborales de los trabajadores industriales. Sin embargo, los nuevos sindicalistas demostraron que sí pueden organizarse efectivamente, dibujando una nueva etapa en la lucha de los trabajadores por sus derechos, más allá del rubro económico en el que se desempeñen.

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