El discurso del Gobierno parece haber ingresado en un sistema que puede dejarlo enredado en sus propios principios. Luis Caputo, el ministro de Finanzas del Gobierno que llegó para instalar un país que se aleje “de la trampa”, está en el centro del debate por haber manejado fondos en paraísos fiscales, que son legales pero opacos. “La legalidad no es neutral y detrás de la legalidad de las offshore está el poder del mundo financiero mundial”, definió ayer Tomas Lukin, autor de Argenpapers en el programa Toma y Daca para graficar esa opacidad. No es el único mencionado, claro. También está el ministro de Energía, Juan José Aranguren, a quien parece no caberle las reglas generales de las sospechas de interferencias entre los negocios públicos y privados.

Pero no todo “es la economía, estúpido”. Y el adjetivo de la diputada Elisa Carrió dirigido a un sector de la oposición que cuestionaba las donaciones privadas y el banco de alimentos incomodó a propios y a los aludidos. No es la primera vez que Carrió tiene frases destempladas y no será la última si se tiene en cuenta que obtuvo más del 50% de los votos en las elecciones porteñas hace casi un mes y que el oficialismo la protege, aunque el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, no haya podido disimular del todo bien su fastidio en plena sesión.

Tampoco es económico el comentario desubicado del ahora ex embajador en Ecuador, Luis Juez, sobre la higiene de un país ante el que estaba como representante de todos los argentinos. Se ganó un pasaje a Buenos Aires para ocupar un lugar como asesor del Gobierno nacional.

Todo Gobierno construye su relato a partir de instalar la naturalización de acciones, una suerte de “sentido común” que se ajusta a sus proyectos político y económico. Entonces, supo recrear una especie de mística del sacrificio que le permitió un trabajado triunfo electoral bajo la consigna de “sufrir ahora para disfrutar después”. (Acá se puede autorrellenar con aumentos varios, caída del consumo, inflación, restricción de derechos sociales, ciudadanos o laborales).

Pero los avances del oficialismo son simétricos al repliegue de una oposición que parece temerosa. Los gobernadores parecen haber tomado la posta de poner el freno a la avanzada que aceleró el Gobierno luego de la elección para evitar lamentos cuando realicen las ecuaciones del debe y el haber. Como en la paradoja de Schrö- dinger, los mandatarios no creen que haya un estado de superposición de ventura y desventura, y quieren asegurarse de que, cuando abran la caja (de recursos), el gato encerrado no haya sido vencido por el veneno.