Hay personas que creen que el cine clásico es sinónimo de cine viejo, o antiguo. No es así: en muchas grandes películas clásicas -es decir, esas que quedan en la memoria y que trascienden su época de realización- aparecen rasgos de arte moderno. De hecho el cine es el último gran arte moderno. Ejemplo: Winchester 73, de Anthony Mann. La película narra la rivalidad entre dos hermanos, uno bueno y uno malo. Esa rivalidad gira, simbólicamente, alrededor de un arma, el rifle del título. Pero la película hace que ese rifle pase por varias manos y, de ese modo, le permite a Mann narrar la historia de la conquista del Oeste -toda, con sus oscuridades sociales y políticas también- a través de episodios, muy al modo de un Tarantino de hoy pero más “de contrabando”. La película incluye el extraordinario trabajo de James Stewart, Dan Duryea (mucho antes de 2001, de Kubrick) y la gran Shelley Winters. Disponible en Qubit.TV