En el último tiempo organizaciones como la Unasur, el Mercosur y el recientemente creado Prosur han estado en el centro de la escena política y mediática regional. El cuestionamiento, la desintegración y el festejo acuerdos extrarregionales trae a la luz el debate sobre diferentes formas de articulación entre los Estados en América Latina y el Caribe. Así, mientras algunas organizaciones avanzan, otras dejan de funcionar. Detrás de ello, la dinámica de las relaciones entre los Estados depende de quiénes están al mando y los diferentes momentos históricos marcan el pulso de la integración.

El regionalismo ha sido una constante a lo largo de la historia de América Latina y el Caribe. Desde la colonia hasta la actualidad ha estado presente, por ejemplo, en las voces de José de San Martín y Simón Bolívar, como sus máximos exponentes. La idea de pensarse como un todo que comparte identidad, cultura y preocupaciones llega hasta nuestros días en diversas organizaciones regionales cuya conformación responde la más de las veces a los vientos de época.

Algunas de ellas, en orden cronológico son: Caricom; ALADI; CAN; Mercosur; ALBA y TCP como propuesta alternativa al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsado por EE.UU. al mando de George Bush; Unasur; CELAC creada con el fin de buscar un ámbito sin EE.UU. ni Canadá e inclusión de Cuba, expulsado de la Organización de Estados Americanos (OEA); Alianza del Pacífico y Prosur.

“Los presidentes y reglas de consenso dominan la escena y la dinámica intergubernamental resulta decisiva para definir políticas comunes”, marcan Lorena Gil y Damina Paikin en un análisis en la revista académica NUSO para caracterizar el modo de funcionamiento de estas instituciones. No obstante, cada una de ellas tiene sus particularidades.

En la CAN conviven distintas visiones sobre los modos de integración y su fractura quedó expuesta en 2006 cuando Colombia anunció un Tratado de Libre Comercio (TLC) con EE.UU. y Venezuela anunció su retiro. Es que, la CAN estuvo inspirada en el modelo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ( CEPAL), identificada como “regionalismo cerrado”, orientado a un desarrollo que favoreciera a los países periféricos mediante la cooperación y la integración en un mercado común.

La llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. modificó el tablero político

Allí, queda en evidencia que las afinidades o divergencias ideológicas o la mirada sobre EE.UU. también son determinantes a la hora de su conformación, funcionamiento o desactivación.

“Al haber sido colonia los países miran hacia afuera”, dice en diálogo con BAE Negocios Juliana Peixoto Batista, investigadora del área de relaciones internacionales de Flacso. Y explica que “por más que respondan a una herencia cultural, religiosa e histórica común es una región muy heterogénea en términos de capacidades productivas y de perfiles de producción. Es una región compleja con poca conectividad en infraestructura, una de las grandes deudas de la integración latinoamericana”.

Ahora bien, las diferentes maneras de vincularse también están delimitadas por el ritmo de la política y el mercado en el mundo. La llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. movió el tablero de las relaciones internacionales en el momento en que optó hacer énfasis en los vínculos bilaterales y dejar a un lado la cooperación, en organizaciones donde todos los países aportan. Lo que se puede ver en su salida del Acuerdo de París, sobre cambio climático, y del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, lo que pretendía ser el mayor bloque económico del mundo.

Todas se entrelazan y necesariamente establecen vínculos

Peixoto Batista, en ese sentido, define la situación actual como un momento de “incertidumbre” en el ámbito de la política interna y del relacionamiento entre los países, razón por la cual algunas iniciativas que venían teniendo mucho impulso como la Unasur pierden trascendencia y otras, como la Alianza del Pacífico -con una perspectiva más neoliberal-, que venían funcionando, no tienen resultados demasiado concretos.

Existen, además, otros factores que delimitan el marco de acción de gobiernos, Estados y organizaciones. Según Peixoto Batista algunos de ellos hoy son: los procesos electorales de octubre de este año en Argentina, Uruguay y Bolivia; los precios de las materias primas; los cambios en la gobernanza global; la guerra de medidas políticas entre EE.UU. y China y las crisis migratorias en Europa, por mencionar algunos puntos.

Coyuntura

En tanto, el Mercosur, con altibajos en el tiempo y tras la expulsión de Venezuela, este año anunció la llegada a un acuerdo con la Unión Europea y un acercamiento con Canadá. Al momento, el tratado con la UE fue rechazado por Irlanda, Austria, Francia y Luxemburgo. Al parecer de Peixoto Batista esta organización debe optar entre la consolidación como unión aduanera, unión aduanera flexible o el perfeccionamiento como zona de libre comercio. Otro impacto de decisiones dentro de las organizaciones se ve en Parlasur, órgano de representación ciudadana en el Mercosur. Argentina no llamó a elecciones de legisladores por significar un “gasto innecesario”, según el presidente Mauricio Macri y esta resolución podría derivar en la falta de quórum del órgano. Ahora la Corte Suprema de la Nación debe dictaminar sobre ello.

“El proyecto de Macri y de (el presidente de Brasil, Jair) Bolsonaro tiene que ver con otra visión de cómo se incorpora cada país y cada región al mundo, propone relacionarse bilateralmente con EE.UU. e impulsa TLC con otras regiones, algo claramente desfavorable porque lo que había hecho crecer la economía fue el comercio intrarregional”, planteó ante BAE Negocios Oscar Laborde, diputado y jefe del bloque Frente para la Victoria -PJ del Parlasur.

Algunos grupos regionales avanzan y otros dejaron de funcionar

La Unasur junto con el ALBA-TCP, desde lo que se conoce como “regionalismo post-hegemónico”, han hecho eje en la autonomía política y económica con énfasis en lo social. En Unasur, la imposibilidad de llegar a acuerdos y la diferencias en torno a la situación en Venezuela llevó a que en 2018 Colombia, Paraguay, Argentina, Brasil, Chile y Perú suspendieran su actividad así iniciar su salida, tal expresaron en un comunicado. Este año se sumó Ecuador y ya ratificó su retiro.

En su reemplazo, los mandatarios de los mismos países, más Guyana, dieron vida al Prosur. “Un acuerdo de gobiernos, es una categoría claramente inferior”, define Laborde.

Al cierre de esta nota anunciaron la firma del reglamento de la organización. El acuerdo es de “carácter no obligatorio, por tanto, no genera obligaciones jurídicas”, marcó Piñera desde la sede de la ONU, en Nueva York.

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Pese a las diferencias entre estos organismos, ninguna actúa de manera autónoma. Todas se entrelazan y necesariamente establecen vínculos. Queda, en el camino, rescatar la persistencia en las intenciones que mantienen las distintas naciones para estrechar lazos. La forma en la que se lleve a cabo no dependerá de un sólo factor, sino más bien de las personas, las afinidades y las posibilidades que el mundo otorgue.

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