Hay películas de una extrañeza radical, como la premiadísima La vida es una eterna ilusión (pésimo título local del más lateral y bello Totó Le héros) del belga Jaco Van Dormael, que fue un éxito en 1991 (entonces en la Argentina la gente veía toda clase de cine y la curiosidad no había muerto). La película se basa todo el tiempo -incluso cuando narra una historia que llega a la vejez del personaje- desde un punto de vista infantil, el de un chico que cree que fue cambiado al nacer y entonces está con la familia equivocada. Hay momentos de una belleza cómica notable (el nene que cree que cuando el padre se va a trabajar se queda detrás de la puerta durante horas), de una precisión enorme (la relación física del protagonista con la que no cree que es su hermana), y todo con un tono rarísimo, cercano a los cuentos infantiles aunque a veces cuente cosas trágicas. Para descubrir o volver a ver. En Qubit.TV.