El presidente francés, Emmanuel Macron, lanzó un Gran Debate Nacional para que la ciudadanía exponga sus reivindicaciones, pero la necesidad de "blindar" al mandatario en su primera aparición pública la semana pasada refleja el alcance de la crisis social y política que padece Francia, la más grave desde Mayo de 1968. Macron lanzó la propuesta al país el martes último desde Grand Bourgtheroulde, una población de 3.500 habitantes, entre enormes medidas de seguridad, con el pueblo prácticamente copado por la policía y bajo el asedio de los chalecos amarillos.

Si bien estaban en la Francia rural, igual se lanzaron granadas de gas lacrimógeno, habituales en las protestas urbanas del movimiento, para hacer retroceder a quienes buscaron sobrepasar el control policial. Antes, se había bloqueado casi todo el tráfico en la zona y se había cacheado a aquellos que entraban en esta población de Normandía. Mientras, los camiones de la Policía "decoraban" los bosques que rodean el pueblo.

Aunque el presidente pidió calma, en toda Francia hay una sensación creciente de emergencia y amenaza. Un sector de los chalecos ha virado hacia posiciones filofascitas y antisemitas mientras diputados del Parlamento e incluso periodistas son víctimas de agresiones, amenazas e intimidación.

La violencia y el vandalismo se suceden en las calles de París y otras ciudades y, pese a ello, el apoyo popular a los chalecos sigue siendo muy alto, por encima del 60%, según un sondeo de la cadena BFMTV. Hay algo aún peor para Macron: el 51% de los encuestados cree que las protestas deben continuar.