Un reclamo imponente, internacional ( o global en "occidente") se hizo escuchar en todo el mundo el pasado jueves.

Como no podía ser de otra manera, el capítulo argentino eligió consignas que no unificaron los reclamos y que, por el contrario, generaron una fuerte interna en la masiva movilización. La irrupción de un debate tan complejo como el aborto entre los ejes del derecho a la vida y la libre determinación del plan de vida, fueron el punto débil de la unidad de la manifestación, y no es - a pesar de la pasión que motiva ese tema - objeto de esta columna .

Los temas que sí logran una homogénea unicidad de criterios son los que, entrado el siglo XXI, siguen repugnando - al menos en público- a toda la dirigencia mundial.

Un año, el 2017, plagado de denuncias por abusos en el ambito cinematográfico, con la inocultable visibilidad que empuja Hollywood, tuvo sus episodios locales. Sin embargo y a pesar de la difusión de los casos protagonizados por personajes famosos, el huevo de la serpiente es la disparidad  y la posición "dominante" del hombre en todos los roles de conducción de los sectores económicos que, más tarde o más temprano, influyen en las políticas públicas de los estados nacionales.

En nuestro país, en 1994 la Constitución yá protegía y creaba herramientas para nivelar la desigualdad imperante entre los hombres y los grupos en riesgo, cuando impulsaba a los legisladores para que "garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato..., en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad "(artículo 75, inciso 23 de la CN), y en menor medida la criticada ley de cupo femenino abrió una amplia recomposición del esquema de representación en le Poder Legislativo. Claro que jueces, y ministros siguen en proporciones similares a la de siglos pasados.

Estas enunciaciones, y la reciente ley de paridad en la provincia de Buenos Aires, son una demostración interesante que en el caso de la vida política y pública el reclamo social, que arranca siglos atrás, está plasmado al menos en las legislaturas y algún que otro órgano  extrapoder.

El ajuste que ahora se impone es a los privados. Las empresas, sus salarios, sus bonos, y las cantidad de CEOs masculinos no representa ni por asomo el esfuerzo que hizo la política en la Argentina.  Las centrales empresariales tomaron nota del 8M, pero en especial sintieron el efecto disparador de ese debate impuesto en los medios de comunicación con un subtítulo por el que dicen acompañar al Gobierno y "olvidaban". Ese compromiso que está expresamente nominado en las buenas prácticas que exige la OCDE a sus pretendientes. Paridad en la retribución y en las posibilidades de acceso a los puestos de dirección son (tan) parte de la agenda de ese club como las leyes de Responsabilidad Penal Empresaria o las PPP. El jueves pasado quedaron debidamente notificados. Al fin  llegó  la hora de un ajuste privado. Parafraseando al fiscal Strassera: señores empresarios, Nunca más sin paridad.

* Director Instituto Derecho Administrativo CPACF