En la única acción visible que le tocó protagonizar al jefe de Gabinete, Marcos Peña, anotó dos fracasos. Tender puentes con el radicalismo díscolo terminó con uno de los dirigentes saliendo de la Casa Rosada pregonando su apoyo a Roberto Lavagna y con otro que decidió no alterar su agenda de baja intensidad y dejó el encuentro en suspenso. Federico Storani y Ricardo Alfonsín, de un modo y otro, le avisaron al Gobierno que ya no le alcanza la relación con el presidente del partido, José Corral, ni con Ernesto Sanz, un asesor con predicamento en el Gobierno. Aunque rechazó ser el ministro del área cuando se lo ofreció Macri al comienzo de su gestión, Sanz practica una intensa relación con actores judiciales.

Todos quienes dialogaron con Peña en la última semana coinciden en que el jefe de Gabinete transmitió una posición "cerrada" en torno de que Macri debe ser el candidato en agosto-octubre, en un énfasis directamente proporcional a la reinstalación de la figura de María Eugenia Vidal como su posible reemplazante. Hay que decir que de las propias entrañas políticas de la provincia de Buenos Aires surgió la versión de "Vidal candidata presidencial" minutos después de que se confirmara que ese distrito iba a unificar la fecha de los comicios con los nacionales. "¿Y si la unificación de fechas responde a tener tiempo hasta último momento para evaluar si no conviene que vaya ella?", deslizaban con picardía en ese entonces. Hoy, con menos chispa y más necesidad, nadie está seguro siquiera de que la gobernadora pueda garantizar más votos que Macri, cuando se acelera la percepción negativa sobre el Gobierno.

Peña insistió en que no hay Plan B y marcha con Piñón Fijo

Piñón fijo

La Casa Rosada parece haber entrado en una dinámica de la cual no puede bajarse, y eso impide que se geste un plan B, V, o alternativo si el Presidente no muestra una reacción en la consideración del electorado. "El plan que tienen es reelección o muerte, están en piñón fijo", relató uno de los interlocutores del oficialismo que llevó la idea de ampliar la mirada electoral.

Dos de los funcionarios que podrían haber roto esa inercia son marginados periódicamente de las mesas políticas. El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, es un ejemplo de las subutilización de la capacidad de gestión, ya que le deben los pocos éxitos en términos de relación política: dialoga con todos los gobernadores relegando aspiraciones personales para mantenerse en el proyecto de gestión. El segundo caso es el de Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados buscó tender puentes de plata para facilitar la relación con la oposición, pero sólo consiguió hartarse. Monzó pidió irse a mediados de año de la Cámara baja pero el Presidente no está convencido de que sea un buen momento para más ruidos. Con los radicales díscolos, las barbaridades de su socia-promotora, Elisa Carrió, y las desventuras económicas parece resultarle suficiente.