Resultaba una práctica común en la antigüedad, tanto en la cultura griega como en la latina, la reutilización de los papiros y pergaminos por razones de costo y accesibilidad. Las capas superpuestas de información en un mismo soporte material permitieron la supervivencia de valiosos textos como el Palimpsesto de Arquímedes, por caso. De la misma manera puede leerse la coyuntura económica en la que, si bien tienden a realzarse comunicacionalmente los indicadores de signo positivo, subyacen los trazos gruesos de las dificultades estructurales.

Uno de los tres ejes que el presidente Macri expuso en el marco de la presentación de los lineamientos generales de su política post elecciones, es el referido a la cuestión fiscal (los otros dos están constituidos por las temáticas del empleo, ya tratadas en esta columna, y de la llamada calidad institucional). Al respecto, el ministro Dujovne, presentó las modificaciones propuestas al régimen impositivo vigente.

En su análisis, es fácil advertir que la sustancia de la iniciativa oficial profundiza las inconsistencias de la política económica de este gobierno. Esto es así, ya que no avanza en la modificación de las condiciones que generan los crecientes déficits:

■ El fi scal (sector público nacional, provincial y municipal),

■ El cuasi fi scal (generado por la deuda del BCRA) y

■ El de la cuenta corriente de la balanza de pagos. En consecuencia, tampoco altera, en el corto y mediano plazo, el ruinoso entorno en el cual la actividad empresarial desarrolla sus negocios.

Condiciones “objetivas y subjetivas” al interior de las empresas
Estamos asistiendo a una situación extremadamente singular, tanto en los directorios o ámbitos decisionales de las unidades productivas, como en las estructuras dirigenciales de las cámaras y asociaciones que las agrupan, ya que, en tanto condiciones “subjetivas”, se observa una clara voluntad de acompañamiento a las políticas económicas gubernamentales, sin embargo, cuando inmediatamente se pasa revista a las condiciones “objetivas”, nos encontramos con un reclamo generalizado, debido a la muy baja o nula rentabilidad empresaria. Ambos enfoques podrían sintetizarse en la frase “hoy no ganamos plata, pero mañana… seguramente sí”.

En consecuencia, la reforma impositiva debería intentar aportar soluciones para corregir aquellas condiciones “objetivas”, lo que permitiría, de manera intertemporal, llevarlas a la convergencia con las “subjetivas”. ¿Será así?

La propuesta oficial en materia impositiva
El Gobierno adelantó algunos parámetros que enviará al congreso en las próximas semanas, disparando el debate. Si bien, dada la incompleta información disponible, es muy difícil analizar los impactos cuantitativos, sí es posible realizar un abordaje en el plano conceptual, enmarcado en lo que hasta ahora se conoce. Según los supuestos oficiales, la reforma tendría en principio un costo fiscal de 1,5% del PBI, aunque dado que la economía crecerá y bajará la evasión (siempre según esa perspectiva), ese guarismo se reducirá a apenas un 0,3%. Si ello ocurre, se trataría de una reforma impositiva casi neutra en términos de recaudación.

Una de las medidas más destacadas propone una reducción del Impuesto a las Ganancias corporativas, que pasará del 35% actual al 25% en el año 2021, bajo la condición de que no se distribuyan dividendos. Además, se buscará disminuir la carga de los denominados “tributos en cascada”, tales como el impuesto a los créditos y débitos bancarios (comúnmente denominado al cheque, que se podrá tomar a cuenta de ganancias) y a los ingresos brutos. En este último caso (que constituye una de las principales fuentes de ingreso jurisdiccional), se promueve su reducción a la mitad.

Cabe mencionar que la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, junto con Mendoza y Córdoba, ya incluyeron en sus proyectos de presupuesto 2018 importantes reducciones del impuesto a los Ingresos Brutos y Sellos. Sin embargo, la compensación llegará por el aumento en otros tributos, como sería el caso de una suba en el inmobiliario urbano y rural. Se implementará un régimen que devuelve el crédito fiscal de IVA a las empresas que hayan realizado inversiones y no lo recuperen en un lapso de 6 meses.

Respecto del impuesto a la renta financiera obtenida por personas físicas residentes en el país (las personas jurídicas ya lo pagan), se someten a imposición a determinadas ganancias actualmente exentas. La alícuota será del 15% para rendimientos provenientes de instrumentos en moneda extranjera o indexados, y del 5% para los de renta fija en pesos sin cláusula de ajuste.

Resulta insólito que, dado el actual diseño de política monetaria, la posible mayor recaudación de este impuesto por parte del Tesoro Nacional ya lo comenzó a pagar el BCRA, a través del incremento de las tasas de interés que ofrece para tomar deuda.

Por otra parte, se elimina el Impuesto a las transferencias de inmuebles, aunque ello se compensa con la extensión de “Ganancias” a la venta de una segunda vivienda. También el gravamen a autos y motos de gama media y alta.

En relación a los impuestos internos, se incrementan de manera gradual para el whisky, el coñac y otras bebidas blancas, desde el 20% actual hasta el 29%. En el caso de las gaseosas en general y otras bebidas sin alcohol con azúcar agregada, se incrementará el impuesto desde la franja actual (4% al 8%), hasta llevarlo al 17%. En contrapartida, las gaseosas sin azúcar añadida no pagarán impuestos internos.

Adicionalmente, se reducen a cero los gravámenes para los teléfonos celulares, televisores y monitores (en este acápite se incluye un etcétera referido a otros productos electrónicos que por ahora no están definidos), lo cual impactaría de manera negativa sobre la producción y el empleo en la provincia de Tierra del Fuego, por el obvio reemplazo por bienes importados.

Esta transferencia de ingresos provocó la reacción tanto de las autoridades de las provincias que se sienten perjudicadas, como de los representantes de esas actividades.

En otro aspecto, se modifica el impuesto a los combustibles para que las fluctuaciones en el tipo de cambio y en el precio internacional del petróleo pierdan influencia sobre los precios locales. Así, el monto ingresado en concepto de este impuesto tendrá dos valores de suma fija (uno por emisiones de dióxido de carbono y el otro establecido de manera tal que no altere la carga tributaria actual). Inicialmente afectará a los combustibles líquidos y a partir del 2020 se aplicará sobre el carbón y el gas natural y licuado de petróleo.

Finalmente, se aumenta la deducción especial en el Impuesto a las Ganancias para trabajadores autónomos de manera tal de reducir el diferencial que existe con los empleados en relación de dependencia.

Mucho ruido y pocas nueces
Sabemos que el precio de venta de cualquier bien o servicio ofertado en el mercado tiene tres grandes componentes: los costos totales, el margen aplicado sobre éstos, y el impositivo. Y también, que uno de ellos, el margen, como lo señalamos más arriba, en la actualidad tiende a ser muy exiguo o nulo para la inmensa mayoría de los emprendimientos.

Si se pretende que la reforma impositiva implique una mejora en la competitividad de nuestros productos, vis a vis los precios internacionales, sus precios de venta tendrían que tender a la baja.

Con un alto grado de certeza, podemos afirmar que lo que ocurrirá, una vez que entre en vigencia la nueva propuesta impositiva, es que se modificará la participación proporcional de cada uno de los componentes al interior del precio de venta, pero no este último. Con lo cual, claramente, tal redistribución solo permitirá que emerja o se recupere el margen empresarial.

Desde la perspectiva de la demanda, la posible disminución de los ingresos populares (producto de una pretendida negociación a la baja de todos los ítems que tipifican el ingreso por sueldos y salarios), repercutirá en el deterioro del deprimido mercado interno.

Paralelamente, al no haber una disminución de los precios de venta de los bienes y servicios transables internacionalmente, se ve dificultada la profundización de los mercados ya existentes y la inserción en los nuevos.

Todo ello coadyuva a mantener y/o incrementar las inconsistencias de la política económica vigente, agudizando la situación fiscal (a menos que se asuman las consecuencias del ajuste), sin tender, a su vez, a solucionar el déficit creciente de la balanza comercial.

Finalmente, ante el panorama descripto, resulta claro que no se modificarán las inconsistencias evidentes de la actual política económica, ni tampoco las condiciones para generar el incremento de la inversión y las ganancias de productividad; a lo sumo, la reforma permitirá la recuperación de ciertos márgenes empresariales, situación que decididamente se obtendría si asistiéramos a un correcto diseño funcional de la economía argentina. Entonces, cabe preguntarse:

¿Vale la pena someter a la sociedad a la tensión del debate político, académico, técnico, y de intereses que se ha desatado en torno de la actual propuesta de reforma impositiva?

* MM y Asociados