Durante el año 2018, las exportaciones totales de bienes del país alcanzaron los 61.559 millones de dólares. Esto significó un crecimiento del 5% respecto al año anterior y del 8,4% respecto al año 2015. Sin embargo, estos valores aún están muy por debajo del máximo de 82.000 millones de dólares exportados en 2011, cuando los precios internacionales se encontraban en récords históricos.

Como es sabido, el complejo exportador más importante para la Argentina es el sector oleaginoso y, dentro de este, el complejo sojero. A pesar de la sequía que castigó a todo el agro durante 2018 las exportaciones del sector oleaginoso totalizaron 16.680 millones de dólares, es decir que fue responsable del 27% de los envíos al exterior. La soja se destaca dentro de todo el complejo e individualmente representa el 24,5% de las exportaciones totales de Argentina, mientras que el resto queda para el girasol, el maní y las aceitunas.

Hace ya muchos años que el puesto número uno en el ranking de exportaciones lo ocupa el complejo sojero en Argentina (con los envíos de harinas y pellets, aceites y porotos). Sin embargo, el año pasado ha experimentado una sensible reducción en su participación como consecuencia de un doble fenómeno: la sequía y un proceso de "rebalanceo" de cultivos por los cambios en las retenciones y la eliminación de restricciones a las exportaciones. Desde hace ya tres campañas, la superficie sembrada con maíz ha venido ganando terreno que antes no era explotado o era cultivado con soja. A su vez, el resurgimiento del otros productos que estaban "pisados" por regulaciones y restricciones han hecho retroceder parcialmente el liderazgo de la soja.

Así, mientras que en 2015 el complejo sojero representó casi el 33% de las exportaciones totales, en 2017 fue del 29% (sin efecto sequía) y del 24,5% en 2018 (con efecto sequía). Por su parte, el trigo pasó de representar el 2,3% de las exportaciones totales al 4,6% y el complejo petroquímico creció desde una participación del 5,1% en 2015 al 8,2% en 2018. El mismo fenómeno se observa para el complejo bovino y pesquero. El dinamismo que han tomado todos estos sectores en los últimos años es la mejor muestra de cómo la remoción de trabas habilita el despliegue de las ventajas competitivas.