La moda ha sido parte de la historia del feminismo como un instrumento de lucha, utilizando el lenguaje del vestir como medio para comunicar. Pero también suele estar en el centro de la polémica, ya sea por difundir una imagen irreal del cuerpo femenino o por frivolizar y utilizar el movimiento feminista solo como una estrategia para aumentar las ventas.

La cuestión tomó relevancia en los últimos años gracias a algunas colecciones que adoptaron la consigna de igualdad de género y el cambio de paradigma que se generó gracias a movimientos como el del pañuelo verde en Argentina, cuya ola se expandió por Latinoamérica y el #MeToo o el #TimesUp en Hollywood.

El mundo del diseño se hizo eco de la actualidad, así lo refleja la creciente cantidad de desfiles y campañas inspiradas en la lucha de las mujeres y diferentes acciones en conjunto con entidades no gubernamentales con el fin de promover un mensaje de "bellezas reales" representado por mujeres de distintas razas y características físicas. Sin embargo, surge el interrogante acerca de si el feminismo es compatible con el sistema de esta industria, o si al ser incluido en sus manifestaciones el mensaje pierde profundidad. En términos de lucha a partir de la moda, el símbolo, en este caso la indumentaria, no puede ni debe volverse más importante que la idea a trasmitir

¿Compromiso o negocio?

En los últimos años, las grandes firmas internacionales y los diseñadores que las lideran decidieron participar activamente en la lucha por la igualdad de género. Una de las primeras en involucrarse fue Chanel, cuyo diseñador Karl Lagerfeld (que falleció recientemente) hizo del feminismo el protagonista de uno de sus más recordados desfiles en el 2014. La puesta en escena incluyó la reconstrucción de una calle parisina dentro del famoso Grand Palais y culminó el evento con una manifestación en apoyo a la liberación de la mujer y sus derechos. Entre las modelos se encontraban Giselle Bundchen y Cara Delevigne, quienes llevaban pancartas con frases como “hagan la moda, no la guerra”, “divorcio para todos” y, el nombre de la campaña “He for she” (Él por ella), cuya vocera fue la reconocida actriz Emma Watson.

Dior lanzó remeras con la leyenda “todos deberíamos ser feministas” y las vendió a 500 euros

El polémico diseñador y director creativo de Chanel y Fendi, fue reconocido tanto por sus creaciones como por sus provocativos comentarios. El mismo que declaró que Coco Chanel, la creadora de la firma y un símbolo de la liberación femenina en los años ’30 gracias a sus diseños, no era lo suficientemente fea para ser feminista. Y quien trató de “gorda” a la cantante Adele, fue un defensor de la delgadez extrema en el modelaje, expresó estar ”harto” del movimiento feminista, criticó el #MeToo y negó que existan casos de abusos sexuales en la industria de la moda. Surge entonces una fuerte contradicción al considerar que Lagerfeld fue el ideólogo de un desfile que apoyaba la lucha de las mujeres.

Ya en julio del 2016, María Grazia Chiuri llegó a Dior, siendo la primera vez que esta firma elegía a una mujer para su puesto más importante. Su colección de primavera/verano 2017 incluía una camiseta con la inscripción “We should all be feminists” (“Todos deberíamos ser feministas”), una frase que pertenece a una charla TED -más tarde convertida en libro referente del nuevo movimientode la activista y escritora nigeriana Chimamanda Adgozi Adichie.

La apuesta de Dior probó ser un éxito, demostrando que se puede plantear una postura ideológica sin comprometer el negocio, aunque la polémica estalló al darse a conocer el precio por adquirir la remera, unos módicos 500 euros. La firma tuvo que salir a explicar que un porcentaje de las ventas era donado a la ONG de la cantante Rihanna.

La camiseta generó un fuerte impacto y se transformó en una bandera más del movimiento feminista, dentro de la industria y en la sociedad. De hecho, su lema pudo verse en los carteles que llevaban las mujeres participantes de la “Women`s March” (Marcha de las mujeres) en Estados Unidos y el resto del mundo.

Doce meses después, la firma italiana Missoni repartió en su desfile el accesorio que se convirtió en el símbolo de aquella marcha en la que participaron cerca de 1.000.000 de feministas. El gorro rosa o “pussy hat” fue el protagonista de la protesta realizada tras la llegada de Donald Trump a la presidencia y a raíz de sus dichos misóginos y racistas. La mayor concentración se dio en Washington, pero también se sintió en todo Estados Unidos y distintas ciudades de Europa.

Está el interrogante de si el mensaje es compatible con la industria y si pierde profundidad

Por su parte, Prabal Gurung presentó en su desfile del 2017, una línea de camisetas con mensajes feministas, entre las cuales se destacó la que decía “The future is female” ( “El futuro es femenino”). La remera que primero exhibió esta frase data de 1972, cuando Jane Lurie y Marizel Rios abrieron la primera tienda de libros para mujeres en Nueva York, cuyo eslogan era “The future is female”. En respuesta a un consumidor cada vez más concientizado, las marcas ponen el foco en los aspectos sociales. Benetton, por ejemplo, lleva años colaborando con las Naciones Unidas en el Programa de Empoderamiento de la Mujer. Calvin Klein participó de una iniciativa en conjunto con la ONU para promover la igualdad laboral en las empresas. En medio del incipiente compromiso de algunas marcas con la cuestión de género, muchos casos se vieron oscurecidos por las profundas contradicciones del mercado, como las condiciones de esclavitud en las que se encuentran muchas mujeres en la industria textil mientras fabrican remeras que permiten a las firmas lucrar con la consigna de género.

Hollywood se vistió de negro

En febrero de 2018 Emma Watson, Reese Whiterspoon, Meryl Streep, Eva Longoria y muchas otras actrices vistieron de negro en la alfombra roja. El objetivo era enviar un mensaje: no más acoso, no más abusos, no más desigualdad ni salarios injustos. Las referentes del cine aprovecharon la temporada de premios de ese año para, mediante su vestuario, visibilizar la problemática de género. La moda funcionó como herramienta para lanzar los movimientos #MeToo y #TimesUp. Una acción que, lamentablemente, no fue replicada en la última temporada de premiaciones.

A pesar de que este espacio, tanto como expresión artística y como productor de bienes materiales, tiene mucho que aprender, toda visibilización de la causa por la igualdad vale y mucho. Si a lo largo de la historia, la moda supo reflejar la revolución por la liberación femenina, puede y debe ser una herramienta de lucha en estos días, porque es cierto, todos deberíamos ser feministas.

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