“Es una fabula política de unos niños que irrumpen en una sociedad y generan una suspensión de los valores que hasta ese momento la sociedad había tenido con respecto a la infancia”, dice a BAE Negocios el escritor español Andres Barba, durante su visita a Buenos Aires, sobre su reciente novela ganadora del XXXV Premio Herralde.

La aparición de treinta y dos niños violentos de procedencia desconocida trastoca por completo la vida de San Cristobal, una pequeña ciudad tropical. Así comienza la trama.

“Tengo un odio visceral por El Principito. Es el mal cósmico”, dice Andrés Barba

“El tema de la infancia me interesa desde hace bastante, he escrito otra novela ‘Las manos pequeñas’ sobre niños y violencia. Vi un documental que me voló la cabeza. Es sobre una comunidad infantil que vivía en el metro en Rusia y que eran semi delincuentes, yonkis, de pegamento, asaltaban a la gente y tal y vivían en el subsuelo, en el metro. Vi que había germen para hacer algo literario. Por otra parte leí muchos libros sobre niños violentos, episodios violentos, he ido acumulando lecturas por muchos años, el propio texto de Pinocho como fantasía del niño doble, el falso y el verdadero. Pero el detonante fue ese documental”.

-En una parte de la noevla cuestiona El Principito.
- Tengo un odio visceral por El Principito, es el mal cósmico. Mentiras sociales alrededor de la infancia, que las arrastramos desde la Ilustración francesa (antes de ella no se relacionaban sentimentalmente con los niños hasta que no tenían cierta edad por la alta mortalidad) donde por primera vez se sistematiza la pedagogía, para que el niño se convierta en ciudadano lo antes posible, y al mismo tiempo se crea la mitología de la infancia como el mejor momento de la vida, borrar de la infancia los momentos oscuros. El Principito es un libro para adultos que quieren sentirse como niños, no es para niños. El Principito está fundado en la melancolía un sentimiento que un niño no tiene, porque es presente puro.

- Por qué aborda la temática asociada a la violencia?
-Me interesaba el cruce de la infancia y la violencia, que nace del corazón de los propios niños en sí, y cómo la violencia pone en compromiso nuestra mitología de la infancia donde hemos borrado todos los puntos oscuros. Gobiernos de derecha buscan rebajar la edad penal. Es muy loco como el niños pasan a ser de la noche a la mañana el sujeto que se protegía al que le debe caer la ley implacablemente. La misma persona a proteger pasa a ser sujeto a atacar o eliminar de la sociedad.

Barba es enfático cuando habla de la niñez y los derechos, en la mesa de un bar porteño. Es una realidad que no tiene nacionalidad.

“Quería escribir de como una sociedad tranquila es capaz de hacer verdaderas atrocidades como si no pasara nada. Un episodio que en el que la sociedad se legitima a sí misma haciendo atrocidades cuando no sabe controlar una situación”, dice el autor y continua “los libros que me interesan son aquellos que me permiten que los valores que considerabamos seguros, juzgados de manera instantá- nea o implacables, luego de leer un libro uno se atreve menos a emitir un juicio categórico”. En cuanto a su novela sostiene: “Me apetecía revisar las cosas que se cree saber sobre la infancia desde una perceptiva nueva, menos prejuiciosa y más abierta. Una ciudad completa vive un episodio traumático con la infancia en la que intervienen unos niños salvajes. Me interesaba ver cómo se llega una verdad consensuada convertida en una verdad histórica”.

-¿Cuánto le llevó?
- Un año y toda la vida. De escritura un año. Soy también traductor literario, pero reservo las primeras horas del día a mi escritura. No puedo escribir más de dos horas porque es muy agotador, trato de escribir a diario. Mis otras novelas son más intimistas, esta es la primera con una dimensión social tan clara. Es un policial invertido, comienza con un final 32 cadáveres en el suelo, sabemos que van a morir y lo que intensa es saber cómo se va a producir ese episodio horrible. Tiene una estructura de policial social. “En todo lo que tiene que ver con violencia e infancia usamos eufemismos porque es un mundo muy difícil de tolerar. Somos una sociedad hipócrita: no podemos tolerar los niños en la calle, pero sin pestañear podemos sostener que hay que bajar la edad penal. En España es las 16 pero quieren bajarla a los 14 años. Una función moral de la literatura es poner de manifiesto la hipocresía. La función de la literatura es el placer de leer, pero también tiene una dimensión moral al poner en cuestión los valores con los que manejamos de manera automática”.