La última furia de María Eugenia Vidal contra el jefe de Gabinete, Marcos Peña, estalló el jueves, cuando se anunció el aumento del índice de pobreza. La ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, se sentó a regañadientes -como informó BAE Negocios- al lado de su par de Producción, Dante Sica, para explicar lo evidente: que la inflación y la recesión lanzaron a la pobreza y la indigencia a más argentinos. Es que Stanley entiende que no es la falta de políticas sociales sino la conducción de la economía, la responsable del desastre. Para el gobierno bonaerense, la foto de la conferencia debió haber sido con Nicolás Dujovne sentado en la silla principal, respondiendo preguntas. Dujovne actúa bajo la protección del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Stanley es una de las funcionarias nacionales más cercana a Vidal.

Tras ese episodio, funcionarios de la gestión Vidal reflotaron la hipótesis de que Mauricio Macri podría no ser el candidato en octubre; le sumaron la opción de adelantamiento electoral -como contó Alejandro Bercovich en su panorama semanal- y activaron una nueva estrategia: si Macri es candidato y Vidal va por la reelección, la única opción para evitar un arrastre negativo nacional es "la tijerita". Esto implica "provincializar" el discurso de campaña y fortalecer el diálogo con los intendentes de todos los partidos políticos confirmando el vinculo Municipio-La Plata, desenganchando a la Nación. "Se puede hacer campaña sin usar el nombre de Mauricio. Y los intendentes pueden hacer campañas más locales. Entre 135 intendentes, muchos van a coincidir con esto", le dijo a BAE Negocios un funcionario que sigue de cerca la estrategia. Pero Macri parece tener la idea contraria. Y así se explica que haya aparecido en el final del "retiro espiritual" al que había convocado Vidal a su gabinete en Chapadmalal.

Rezando a San Expedito

Mientras la Casa Rosada le reza al patrono de las causas urgentes para que el campo acelere la liquidación de divisas para mejorar la oferta de dólares y espera que tenga efecto el anuncio del desembolso del FMI el lejísimo 15 de abril, las elecciones provinciales siguen mostrando datos ásperos para el calendario extendido este año. En Santa Fe, donde en las elecciones de 2015 el Frente Progresista le ganó la gobernación sólo por el 0,8 por ciento de los votos al candidato del Pro, Miguel Del Sel, las perspectivas son ahora muy distintas. Una encuesta de la consultora Nueva Comunicación conocida el fin de semana muestra que el candidato del Frente Progresista y ex gobernador, Antonio Bofatti, tiene una intención de voto del 33,7% para las Paso que se harán en cuatro semanas. El postulante del Gobierno es ahora el radical José Corral que marcha tercero en las encuestas con un tercio de la intención de voto que el socialismo: 11,7% por detrás del peronista Omar Perotti, con 22,1%. No se trata solo de Santa Fe ni del socialismo. El Frente Progresista sufrió la ola amarilla y comenzó a recuperarse a partir del distanciamiento con la Casa Rosada. Tiene razones: según explican voceros del dirigente socialista, Macri tiene en la provincia cerca del 80% de imagen negativa. Miguel Lifschitz, además, fue el primer gobernador en respaldar la candidatura a la Presidencia de Roberto Lavagna, que mantiene un crecimiento sostenido capturando votos del kirchnerismo y del macrismo.

Faltan cinco meses para las PASO nacionales, es cierto. Tan cierto como que los movimientos que realicen de aquí en más los aspirantes a la Presidencia condicionarán dónde estarán parados en ese momento.