Cuando el Gobierno parecía concentrado en encaminar las variables económicas después de haber copado la agenda social de marzo, se destapó un conflicto que no tenía previsto. La Corte Suprema y la Cámara Federal salieron a poner un freno a la avanzada judicial que había gestado con un gradualismo desprolijo que fastidió a los hombres de la Justicia.

El presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, está acostumbrado a los dardos que le lanzan desde Cambiemos, en particular la desbocada Elisa Carrió, que tiene un encono particular con el supremo. Lorenzetti manifestó a algunos íntimos su cansancio por el "asedio" (así lo definieron ante BAE Negocios) de Lilita, pero las quejas no hacen mella en la Casa Rosada. "En el Gobierno prefieren mantenerla entretenida con sus denuncias contra la Corte antes que cruzarla y que Carrió empiece a agarrársela con los propios. Es una agenda que le sale barata", cuentan colocando a la diputada y constructora de la Coalición Cívica y de la alianza gobernante como una dirigente infantil y caprichosa a la que deben mantener ocupada para que no fastidie. Curioso.

En Tribunales, el fastidio por el manejo de los jueces se tradujo en dos hechos centrales: la Corte desactivó que el Tribunal Oral Federal N° 9 actuara en dos causas en las que irá a juicio Cristina Fernández; y los camaristas Jorge Ballestero y Eduardo Farah consideraron que el caso de Cristóbal López debía seguir como evasión fiscal y no como fraude al Estado, lo que permitió su libertad.

En el caso del TOF 9 el mensaje fue claro para el Poder Ejecutivo. Los supremos no quieren que le "marquen la cancha" desde la Rosada y se anticiparon al costo político de que se haya designado un tribunal que no estaba habilitado aún para actuar. "La Corte tuvo reflejos políticos. El sorteo del tribunal que iba a intervenir está integrado por jueces designados por Macri y el sorteo fue cuestionado. "Correr al TOF 9 es un costo que paga el Gobierno. Si no, hubiera tenido que anular un juicio, y ahí sí, el costo hubiera sido para la Corte", analizaron operadores que transitan Talcahuano.

El fallo de Ballesteros-Farah puede entenderse también como otra señal mirando a Balcarce: si se aplica el criterio que se utilizó para encarcelar a Cristóbal López, puede haber muchos más presos. Y cercanos al Gobierno.

Los sobresaltos judiciales se compensan con la calma con la cual el oficialismo encara el camino a 2019. Y para eso cuenta con varios aliados. La capacidad de resistencia social al ajuste, que sigue en forma progresiva recortando el poder adquisitivo; la división del peronismo en sus versiones partidaria, electoral y sindical; y el desplazamiento del consumo televisivo de los noticieros al streaming. "La clase media mira menos noticieros y más Netflix y eso aplaca el impacto de las malas noticias. Es como fue para Cristina el Fútbol para Todos", dicen. Olvidan, claro, que la realidad se siente en el bolsillo.