Los últimos meses de vida del pintor Klingsor son meses llenos de deseos de vivir y de obsesión por el trabajo, a la par en que se plantea el presentimiento de la muerte, que siente próxima.

Tiene sólo 42 años, pero ha tenido una vida demasiado llena y apasionada como para que pueda durar mucho más. Esta será, así, su última estación. El placer y el tormento de la pintura, la alegría y la obsesión de la creación, la amistad sincera, un delicado nuevo amor, el encanto de la naturaleza y su alma inquieta le acompañan en sus últimos días. Alma de niño, por su parte, es el magistral análisis del comportamiento y los estados de animo de un muchacho que comete un insignificante hurto en su propia casa.

A través de estos relatos Hermann Hesse da rienda suelta a la angustia, el amor y la muerte, los grandes asuntos de su universo literario que lo llevaron a conseguir el Premio Nobel de Literatura en 1946.