Las bolsas de Nueva York, Londres y Tokio se disputan un negocio que puede considerarse el más importante de la década, por su volumen en divisas y el peso político que significa: la Oferta Inicial de Acciones (IPO, en ingles) de la petrolera saudí Aramco, estimada en un valor de mercado de u$s100.000 millones, más de once veces el valor de la argentina YPF. La operación todavía no tiene fecha, pero a la puja de los centros financieros se filtró la discusión por la definición de un nuevo ordenamiento político internacional.

Los saudíes actualmente están decidiendo dónde organizar la oferta. Elegir Nueva York además de Tadawul, la bolsa saudí, podría impulsar la alianza estratégica de larga data entre los dos países. Sin embargo, abogados y banqueros que trabajan en la oferta pública inicial tenían preocupaciones sobre una OPI en Nueva York, en parte debido a las estrictas regulaciones sobre revelaciones de reservas de petróleo, reglas contables y el potencial de litigio.

Theresa May, la primera ministra de Gran Bretaña, cree que Aramco es la llave para evitar un asilamiento financiero pos Brexit. Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, lo considera parte de la historia de relaciones bilaterales y el primer ministro japonés Shinzo Abe hizo una visita a de lobby en Riad.

Pero, al margen de esta discusión entre bolsas, se disparó una versión que advierte sobre la gestación de una sociedad entre Riad, Pekín y Moscú para poner en jaque al dólar como moneda de reserva y de intercambio en el comercio mundial. Según esta especulación, alentada principalmente por medios rusos, China lanzaría antes de fin de año los “petroyuanes” (un contrato petrolero denominado en yuanes) y haría una oferta de compra por el total de Aramco. El papel de Rusia en esta tríada sería el de maximizar el daño al sistema financiero estadounidense mediante el fomento al comercio petrolero en el Intercambio Internacional de Mercancías de San Petersburgo. La apuesta incluiría el suministro de los confiables complejos de misiles antiaéros rusos S-400 de alta precisión a Arabia Saudita.

Desde Nueva York y Londres advierten a Riad que tomar otra vía —por ejemplo, la venta de Aramco a China— privaría a la economía saudí del “acceso a los recursos de capital más importantes del mundo, muy similar” al aislamiento financiero y económico con que a menudo se amenaza a Rusia, según el analista Iván Danílov citado por la agencia rusa de informació RIA Novosti.

“Todo esto empieza a cobrar sentido, desde un punto de vista geopolítico, en el sentido que China, Rusia y los saudíes están buscando escapar del dólar estadounidense, de su hegemonía”, dijo el analista financiero Max Keiser en una entrevista concedida a la redacción del portal de noticias ruso RT en inglés, que se define como el protal de “las noticias de las que no hablan los principales canales internacionales”.

Según RT, Keiser recuerda que los países que “intentaron salir de la matriz del petrodó- lar han acabado terriblemente mal”. “Saddam Hussein quería intercambiar petróleo por euros y lo mataron, Muammar Gaddafi quería intercambiar su energía por algo distinto al dólar estadounidense: lo mataron”.

El analista añade que, ahora, China tiene la determinación y los recursos para llevar a cabo la desdolarización y, además, cuenta con el respaldo de varios países importantes que son resistentes al cártel financiero de EE.UU., concretamente Rusia e Irán.

El analista del portal de noticias ruso asegura que “países de todo el mundo están cansados de financiar el ‘aventurismo militar’ de EE.UU. y por lo tanto es probable que se unan al movimiento de desdolarización” pero deja una advertencia: “Es poco probable que el sector financiero estadounidense y su complejo industrial militar abandonen la hegemonía del dólar sin luchar, ya que el dólar es a la vez la base y el producto principal de EE.UU. Y Washington utilizará su otra herramienta favorita para lograrlo: la guerra”.

En ese contexto se inscribe la escalada de tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte: el mantener latente la posibilidad de una guerra de proporciones imposible de definir y que en algún momento involucrará a Pekín.

La salida a Bolsa, en 2018
La idea de la salida a bolsa de Aramco se gestó para recaudar fondos que financien grandes cambios económicos en Arabia Saudí, sin derrocar el orden establecido. Para adelantarse a esa operación Abu Dhabi National Oil Co. dio inicio a una ronda de privatizaciones en la industria petrolera de Medio Oriente, al anunciar que venderá acciones de su filial minorista de estaciones de servicio y las cotizará en la bolsa de valores local.

La petrolera estatal planea vender una participación de al menos 10 por ciento en Abu Dhabi National Oil Co. (Adnoc) a Distribution PJSC, que opera estaciones de combustible en los Emiratos Árabes Unidos, por un valor de hasta u$s14.000 millones. “Lo que estamos tratando de lograr aquí son números que mostrarían un compromiso sin precedentes del mercado internacional, así como de otros inversionistas locales para trabajar junto con Adnoc en una de sus muy importantes compañías subsidiarias”, dijo el sultán Ahmed Al Jaber.

La OPI es la primera de varias que se esperan en la región, la más destacada de las cuales es la de la gigante petrolera estatal saudí Aramco, que revertirá en parte la nacionalización de tres décadas de la industria energé- tica de Medio Oriente que comenzó en 1950. Sin embargo, la OPI de Adnoc solo representa un diminuto avance en esa tendencia, una pequeña filial lejos de los preciados campos petroleros que son la fuente de la extraordinaria riqueza de la región, evalouó Bloomberg.

Adnoc podría aumentar su valoración, ya que prometió una política de altos dividendos durante los próximos dos años, diciéndoles a posibles inversores que planea pagar a los accionistas u$s400 millones en 2018 y 2019. Además, habrá un pago adicional extraordinario de u$s200 millones en abril del próximo año, indicó la compañía.

Mientras los medios rusos ven detrás de la venta de activos de Arabia Saudí la posibilidad de derrocar al dólar como moneda de reserva, uno de los medios financieros más prestigiosos, como Bloomberg, analizan el valor de mercado y el retorno que puede tener la inversión en acciones de las petroleras.

Las versiones conspirativas necesitan tener anclaje en la realidad para ser creibles y en el caso de la maniobra que se gesta contra el dólar además de la venta de la mayor petrolera de Arabia hay datos estadísticos sobre el comercio con Estados Unidos, una relación bilateral que marcó la geopolítica desde los años 70 del siglo pasado.

Arabia Saudita, que durante décadas se esforzó mucho para ser el segundo mayor proveedor de crudo de Estados Unidos después de Canadá, descendió el mes pasado al cuarto puesto por primera vez desde al menos 1990 y quedó por debajo de Irak y México. EE.UU. importó apenas 525.000 barriles por día de crudo saudita en octubre, la menor cantidad desde mayo de 1987 y menos que los 1,5 millones de barriles por día de hace 10 años, según cálculos de Bloomberg News sobre la base de datos aduaneros.

La caída de las exportaciones formaba parte de una campa- ña más amplia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo a los efectos de combatir una abundancia global que ha pesado en los precios del petróleo. La OPEP y sus aliados no pertenecientes a la organización, Rusia entre ellos, volverán a reunirse más avanzado el mes para evaluar una prolongación de los recortes durante 2018.

La libertad del petróleo saudita, fue una aspiración retórica de generaciones de políticos estadounidenses desde Jimmy Carter hasta George W. Bush, y ahora está por convertirse en una realidad, pero no por una decisión estratégica de Washignton sino por la voluntad de Riad.