Como muchos músicos de jazz, John Coltrane nunca fue un entusiasta de la oralidad. Prefirió siempre explicar sus ideas a través de la música antes que poner en palabras los conceptos sonoros con los que buscaba conmover a quienes se aventuraban a seguirlo. De allí que las escasas entrevistas que concedió se atesoren hoy con devoción y constituyan un elemento distintivo en piezas que rescatan la influencia de este gran artista de la música popular, como el documental Chasing Trane, disponible en Netflix.

Un pequeño libro de entrevistas que circula limitadamente casi como un código secreto entre fanáticos arroja más luz sobre el pensamiento musical de Coltrane expresado en palabras. La relevancia artística de Trane abrió las puertas a numerosos trabajos sobre su vida y su obra. Entre ellos pueden mencionarse "Coltrane, historia de un sonido", de Ben Ratliff, o los libros publicados por Ashley Kahn, sobre Impulse, el sello que Coltrane impulsó, o sobre la historia del disco A Love Supreme.

Pero hablamos aquí de My Favorite Things, Conversaciones con John Coltrane, un pequeño dispositivo editorial que lanzó Alpha Decay en 2012 en su colección Alpha Mini y que se puede conseguir aún en Buenos Aires. El breve libro recopila tres entrevistas que le realizaron Michel Delorme y Jean Clouzet a Coltrane entre 1962 y 1965, en las que refleja su evolución musical y deja en evidencia su admiración por otros artistas que se internaron por la puerta que él abrió y que luego, según su propia opinión, llegaron aún más lejos. Ante la pregunta sobre los puntos en común entre Eric Dolphy, Ornette Coleman y él mismo, Coltrane apunta: "Hay una base común para nuestras músicas, pero creo que de los tres Ornette es el que ha llegado más lejos". Y agrega: "Pese a todo me siento capaz de tocar en su compañía". Era 1962 y Trane elogiaba a la vez a Eric Dolphy, de quien admiraba sus esfuerzos para evadirse de los esquemas convencionales de improvisación. "En cuanto a mí, no sé si lo he logrado", confiesa.

En ese año Coltrane volvería a L'Olympia de París luego de aquella experiencia controvertida con el quinteto de Miles Davis en 1960, cuando parte del público reprobó sus solos que ya insinuaban la exploración estética que este extraordinario saxofonista y compositor encararía después. La primera entrevista de este libro tiene lugar, justamente, en medio de una serie de presentaciones en el Olympia que comenzaron a cerrar la grieta entre el público parisino y Coltrane. Hay información enriquecedora en estas conversaciones, como los intentos de explicación de Trane acerca de la duración de sus solos. "Mi forma de tocar difícilmente se pliega a las limitaciones de tiempo; mis ideas deben desarrollarse en un gran solo y no puedo hacer gran cosa contra eso", enfatiza aquí. También nos enteramos que Naima, dedicada a su primera mujer, es acaso su composición favorita ("pero no puedo tocarla en todos los shows") y que cada vez que estaba por encarar un giro en el rumbo de su música retrasaba todo "para que el mundo pueda comprenderme antes que haya cambiado". En definitiva, algo de letra para entender aún más, a pesar del propio Coltrane: "Si la música no se sostiene por sí misma, ¿de qué sirve?".