Hace más de veinte años (ley 24.759 de enero del ’97) y más de doce (ley 26.097 de junio del 2006) hemos incorporado a nuestro derecho interno la Convención Interamericana contra la Corrupción y la Convención de ONU sobre la misma cuestión, respectivamente.

Debería agregar al análisis a la convención sobre la lucha contra el cohecho de los funcionarios públicos extranjeros en las transacciones comerciales internacionales, que fue internalizada en 2000 por la ley 25.319, pero la columna de hoy analiza algunos efectos de los cuadernos de Oscar Centeno (digno de ocupar el lugar del personaje Tom Riddle en Harry Potter) sobre las contrataciones públicas y las empresas involucradas, por ahora sin intromisión aparente de diplomáticos acreditados en el país.

Empujados por esos compromisos internacionales señalados, en ese lapso que arranca en el siglo pasado, los distintos gobiernos democráticos de todos los pelajes han ido, cada uno con su estilo, legislando y regulando los ámbitos de irregularidades, incompatibilidades, declaraciones juradas, conflictos de intereses, UIF, OA, Responsabilidad Penal Empresaria (RPE) y otros tópicos.

Queda como asignatura pendiente la ley extinción del dominio, que reconoce fuente en esas convenciones y las tipificaciones con reproche expreso para algunos delitos contra la administración y la competencia. Y, como no puede ser de otra manera, una visión a largo plazo que nos permita cumplir con las obligaciones asumidas, defendiendo los intereses nacionales en el “mientras tanto”.

Las exigencias de la OCDE alumbraron la RPE y, aunque no surgen de las condiciones expresas de esa política de Estado que describimos anteriormente en esta columna, las buenas prácticas que recomienda el camino e inclusión en ese selecto grupo del comercio internacional inducen a pensar que la penalización de los delitos contra la administración y el mercado deben contener prescripciones más largas, para permitir la investigación penal fuera de la injerencia del poder de turno (art. 29, Convención ONU).

* @nachobiglieri
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