María Dueñas es una mujer elegante y amable, todos sus libros son éxito de venta pero ella no perdió su humildad. La escritora española, quien gran parte de su vida fue docente universitaria, investiga mucha para cada una de sus novelas. Estuvo en Buenos Aires presentado Las hijas del Capitán, cuyas historias son de inmigrantes españoles en Nueva York, un dato desconocido en Buenos Aires. "El 90 por ciento de los españoles tampoco lo sabía, porque numéricamente, aunque fueron bastante, no fue hacia donde emigró la mayoría. Quería escribir mujeres inmigrantes", dice a BAE Negocios Dueñas en lobby del hotel en que se alojó durante su estadía en Buenos Aires.

"Con mi anterior novela estuve leyendo mucho. Siempre había mujeres inmigrantes que pasaban desapercibidas, y eran mujeres muy valiosas, ese fue el arranque. No tenía claro dónde las iba a llevar, claro que pensé en Argentina pero se ha contado y muy bien ya la historia de la inmigración aquí. Seguí buscando y encontré la presencia española en Nueva York, y ese fue el destino de mis personajes", cuenta en tono amable, sin apuros ni urgencias.

"Comencé a hablar con personas de la antigua colonia que aún viven allá y otros que cuando se jubilaron volvieron a España. Estuve viajando un montón", sostiene y continúa sobre la elección d los personajes: "las tres hermanas tienen que sobrevivir solas. Quería contar las distintas opciones de vidas que se le abrían a las mujeres que emigraban, algunas convencionales que se dedicaban a la familia y ya esta, otras que trabajaron por primera vez y otras que hasta se montaban negocios. Si bien es ficción nada q es demasiado descabellado".

"Al llegar se encontraban con la dificultad del idioma, el vivir en una gran ciudad cuando venían casi siempre de pueblos pequeños, o del campo. En los años 30 Nueva York ya tenía 7 millones de habitantes. España estaba en crisis y muy atrasada, todavía había pueblos sin luz, con calles de tierra. Mientras que en Nueva York ya había rascacielos y trenes subterráneos", relata.

"Primero iban los hombres y luego le mandaban los billetes a las mujeres que viajaban solas, algunas embarazadas, mujeres que no habían salido del pueblo en su vida, no sabían leer ni escribir, recorrían España hasta el puerto de Francia, que era más barato, y cruzaban el océano", cuenta.

"Uno de los inmigrantes con los que hablé tiene 80 y tantos años, me escribió para decirme que estaba leyendo el libro. —que bien que hables de las mujeres, porque mi madre me agarró a los 18 meses en brazos sin haber salido al pueblo, se subió a varios trenes, llegó al puerto, se tomó un transatlántico, y llegó a la gran ciudad sin saber inglés, nunca supo y cogió las riendas de la casa—. Con su dedo y la traducción de su hijo se ocupaba de todo. Su hijo me dijo: si eso no es admirable que venga Dios y lo vea.

—¿El éxito de sus libros anteriores la condiciona?
—Me estimula, me da energía, responsabilidades, seguir seduciendo a los lectores, no defraudar, pero no me condiciona negativamente.

—Se sigue hablando de literatura femenina.
—Es una cosa que llevamos colgando. El prejuicio se siente, se palpa. En España que es lo que más conozco, sí pasa. Los hombres heteros escriben para mujeres y varones, y las mujeres y los gays escriben para mujeres. La etiqueta de literatura femenina me molesta. Yo soy una mujer, estoy en el mundo así, no quiero disfrazar mi voz ni mi mirada.

—¿Extraña la vida académica?
—Si oigo profesora vuelvo la cabeza. Pero ya son nueve años los que llevo en este circulo, no hecho de menos aquello.Trabajo mucho, eso no me importa soy muy currante (trabajadora), pero ahora me puedo organizar yo la vida. La academia tiene un calendario y una estructura, no puedes ir a tu aire. Aquí yo me estructuro el calendario, lo consensuamos con la editorial: ahora me voy a investigar, ahora me quedo en mi casa encerrada tres meses escribiendo. Tengo esa libertad y la agradezco.

—¿Usted su primer novela y fue un éxito, le modificó su vida?
—No era mi plan. Te vas adaptando, yo tenía 40 y tantos años, vas asumiendo, aprendiendo, vas cautelosa. Tampoco es una fama incómoda, la gente rara vez me reconoce por la calle, es una fama gustosa, y ya me tratan menos como fenómeno. Yo no tenía ninguna expectativa. No esperaba el éxito de la primera, tampoco sabia que iba a pasar con la segunda, te las juegas en cada libro, ir demostrando que no vas a vivir de la renta del primero.